El debate del 'Sí' o el 'No'

El debate del 'Sí' o el 'No'

No sobra recomendarles a los que lideran en público la defensa del 'Sí' o del 'No' conservar un lenguaje moderado y tratar al adversario con el mayor respeto.

01 de septiembre 2016 , 08:05 p.m.

De hoy en un mes, los colombianos votarán ‘Sí’ o ‘No’ en el plebiscito cuya pregunta es: ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Es ahora el momento de que la Registraduría Nacional del Estado Civil expida una directiva clara, inequívoca, sobre dónde deben votar los ciudadanos que no inscribieron sus cédulas, porque la rapidez con que se dieron los últimos pasos para la firma del acuerdo final, y la convocatoria del plebiscito para una fecha casi inmediata, no dieron tiempo de adelantar el trámite de inscripción.

Está claro que los ciudadanos que registraron su documento desde elecciones anteriores podrán votar en el mismo sitio en que lo hicieron en los últimos comicios para cuerpos legislativos, alcaldes y gobernadores. Pero los que entonces no lo hicieron o sacaron recientemente la cédula, ¿tienen en Bogotá un puesto asignado en Corferias, donde han votado siempre los que no se han inscrito? ¿Lo tienen en los sitios correspondientes de las demás ciudades del país? Hay mucha confusión al respecto y será bueno para el ejercicio de la democracia que, dado el número voluminoso de cédulas no inscritas, la Registraduría les explique dónde podrán votar o si no podrán ejercer esta vez su derecho a opinar en un certamen electoral cuyo éxito depende, precisamente, de la mayor participación de electores.

Nunca antes, que me acuerde o que lo haya comprobado en los anales de la historia colombiana, un acontecimiento cívico ha despertado tanto interés en los ciudadanos. El debate ha rebasado los medios. Tengo constancia personal de varias reuniones que se están efectuando en distintas casas (y referencias de muchas más) para leer y discutir el farragoso documento del acuerdo, sacar conclusiones y llegar a una decisión de votarlo ‘Sí’ o ‘No’ con conocimiento de causa. En unas de esas reuniones la inclinación por el ‘Sí’ es unánime, en otras las opiniones están dividas a favor o en contra del acuerdo final para una paz estable y duradera. En todas, la discusión es intensa y en ninguna se han presentado discordias ni conceptos desobligantes por los desacuerdos. Es un debate democrático real que a la larga va a constituir el legado más importante, el de cómo la democracia, asumida por su materia prima, “nosotros, el pueblo”, es la mejor forma, o la única, de garantizar la paz.

Por eso no sobra recomendarles a los que lideran en público la defensa del ‘Sí’ o del ‘No’ conservar un lenguaje moderado, desechar la agresividad, no la emotividad, y tratar al adversario con el mayor respeto. Las palabras, cuando van inflamadas, conducen, sin remedio, a la conflagración física, como ya lo hemos visto en tantos episodios dolorosos y vergonzosos de nuestra no muy ejemplar historia política. Ojalá el expresidente Gaviria deje de casar peleas con los oponentes al ‘Sí’ que le salen al camino, y dedique sus importantes esfuerzos a una campaña didáctica que pueda llevar a los electores la comprensión de por qué el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera es eso y no la entrega del país al castrochavismo, como sostienen los partidarios del ‘No’. La incorporación de la ministra Gina Parody ayudará a esquivar polémicas recargadas y a explicarles a los ciudadanos dudosos, que son bastantes, por qué el ‘Sí’ es la opción benéfica para los colombianos que quieren no solo apoyar el acuerdo, sino participar en la construcción de la Colombia democrática y en paz del siglo XXI.

En cuanto al vicepresidente de la República, no se le puede negar el derecho a que, como Germán Vargas Lleras, exponga los reparos que tenga sobre el acuerdo que el vicepresidente dice respaldar; pero como tal vicepresidente, Germán Vargas Lleras no puede dar apoyos condicionales al acuerdo. O lo apoya o no lo apoya. Aquí no caben medias tintas, nada de “Sí, pero no”. El apoyo expresado por el vicepresidente no fue un ‘Sí’ (con tilde, afirmativo), sino un ‘Si’ (sin tilde, condicional), lo cual lo deja en una situación de ambigüedad inaceptable.

Los entusiastas del ‘No’ alegan que la pregunta del plebiscito es tendenciosa, determina la decisión del ciudadano. Esa objeción carece de fundamento. Si “la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” es la síntesis de lo que propone el acuerdo, pues eso es lo que se va a votar y la pregunta no podía hacerse en otro sentido distinto al de mostrarle al ciudadano el contenido que apoyará con el ‘Sí’ o que rechazará con el ‘No’.

Enrique Santos Molano

Columnistas

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