¿El anti-Cristo?

¿El anti-Cristo?

Es temprano para juzgar y condenar a un presidente que todavía no se ha posesionado. Me abstendré de creer que Trump es el demonio y observaré el día a día.

10 de noviembre 2016 , 05:47 p.m.

Para Ariel Dorfman, reconocido escritor argentino-estadounidense, “al elegir a Donald Trump, un predador ignorante, mendaz y matón, un racista que odia y teme a los latinos, a los musulmanes y a las mujeres, un hombre que no cree que el planeta esté en peligro de extinguirse por razones climáticas, y que va a aumentar la aflicción y desventura de los habitantes más necesitados de su país y del mundo entero, América ha revelado su verdadero ser”. ¿Y cuál es esa revelación del verdadero ser estadounidense según Dorfman? Es un país “misógino y mentiroso y vil, como su líder (Trump)”. (Lea aquí el artículo)

Eso, más que menos, están pensando los 59 millones y pico de estadounidenses iracundos que votaron contra Trump. ¿Qué están pensando los otros 59 millones y pico de estadounidenses iracundos que votaron contra Hillary? Lo resume Richard Pendlebury en un artículo del Daily Mail titulado ‘Muerte de una dinastía que estaba podrida desde el núcleo: después de 40 años de sexo, mentiras y escándalos, los Clinton se retiran de la vida pública perseguidos por una humillación aplastante’.

Dos posiciones antagónicas e igualmente inflamadas por ciegas pasiones. Ellas nos muestran la peligrosa división en que hoy se encuentra la gran potencia imperial, división que nos recuerda los días previos a la guerra de secesión de 1861, recién posesionado el presidente Lincoln. Confiemos en que la historia no se repetirá.

Para los neoliberales y los librecambistas, el proteccionista Trump es el demonio en pasta, el anti-Cristo, como lo era el proteccionista Rafael Núñez para los radicales librecambistas de su época. Para los liberales filosóficos y humanistas, los de corriente avanzada, Trump representa lo peor de la derecha retrógrada.

Sin embargo, observando los hechos con la mayor imparcialidad posible, resulta inoportuna cualquier afirmación que se haga sobre si Donald Trump es el anti-Cristo, el quinto jinete del Apocalipsis, o es el hombre destinado a salvar a la humanidad de la hecatombe nuclear que alcanzamos a vislumbrar en las palabras de la señora Clinton: “Voy a rodear a China de misiles”. ¿Para garantizar la seguridad de los chinos?

Se habla de la “campaña sucia”, de insultos y vociferaciones que adelantó Trump contra Clinton, mas no se menciona la campaña, así mismo sucia, que todo el establecimiento, y una red mundial de medios, adelantaron contra Trump. Digamos que aquí el juego sucio fue parejo, solo que Clinton contaba con una abrumadora mayoría de medios que exaltaban sus virtudes al tiempo que acrecentaban los defectos de Trump. Pelea de uno contra todos, y la ganó uno.

La mayoría de las acusaciones que se le formulan a Trump tienen una contraevidencia en los hechos. ‘Racista’, pero su campaña tuvo el apoyo de muchos ciudadanos de color. Incluso en la plataforma donde pronunció su discurso en la madrugada victoriosa del 9 de noviembre, había numerosos hombres y mujeres de color. ‘Misógino’, pero en esa misma plataforma había bastantes más mujeres que hombres. ‘Ignorante’, pero es una persona que, entre otros títulos, tiene el de antropólogo y el discurso mencionado del 9 de noviembre no lo hubiera podido improvisar un ignorante. Fue un discurso de alguien que sabe, y el cual, por cierto, no ha sido ni mencionado por ninguno de los medios. ‘Patán’, pero el hombre que en su discurso agradeció con sencillez emocionada el apoyo de sus hermanas y hermanos, de su mujer y de sus hijos, y que una vez terminada su intervención pasó a saludar a cada una y a cada uno de los que estaban en la plataforma, que abrazó y besó con profundo respeto a las mujeres blancas y a las mujeres negras, estrechó con espontánea cordialidad las manos de hombres negros y blancos, y que se arrodilló para besar a su nieta más pequeña, no puede ser un patán.

En su discurso, Trump delineó buena parte de su pensamiento real: “Vamos a recordar a toda esa inmensa masa de hombres y de mujeres que yacen olvidados”, “Vamos a estar bien con todos los países”, “Vamos a trabajar con todas las razas”, “No nos resultará fácil reconstruir la grandeza de América, porque la política que conocemos es una cosa sucia y compleja”. No son frases ni reflexiones que nos induzcan a calificar a su autor como una figura apocalíptica, un nuevo anti-Cristo.

Uno de los grandes propósitos que ha sugerido Trump es la formación de un mundo tripolar integrado por la alianza de las tres grandes potencias mundiales: Estados Unidos-Rusia-China, no para ejercer una hegemonía opresora sobre las demás naciones, sino para alejar y aun desaparecer todo riesgo de una confrontación mundial nuclear y afianzar la paz internacional y por consiguiente el progreso de los pueblos. Si a ese propósito noble lo llaman populismo, sea bienvenido.

Como digo, es temprano para juzgar y condenar a un presidente que todavía no se ha posesionado. A mi juicio, estaremos mejor con Donald Trump que con Hillary Clinton, aunque puedo equivocarme, como cualquiera. Por ahora me abstendré de creer que Trump es el demonio y observaré el día a día.


Enrique Santos Molano

Columnistas

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