Cabildo cerrado

Cabildo cerrado

No hay que descalificar como "agresivos e intolerantes" a todos los que intervinieron en el cabildo.

10 de marzo 2017 , 12:05 a.m.

Como las monedas y como la luna, todo en la vida tiene dos caras. Las tiene también el cabildo abierto del 7 de marzo, que por una cara fue cabildo abierto y por la otra cabildo cerrado.

Si por una cara, como la presenta EL TIEMPO en su editorial del 9 de marzo, fue un cabildo donde un grupo de patanes sabotearon el discurso del heroico alcalde Bogotá, escupieron a una concejal y arruinaron la oportunidad de exponer sus opiniones, por la otra cara, registrada en un video de eltiempo.com) nos deja ver un panorama distinto al que describe el editorial. Aparece en el video un grupo de personas, jóvenes la mayoría de ellas, estudiantes, que le gritan al alcalde “mentiroso, mentiroso”, pero que no le impidieron repetir el discurso del cabildo abierto anterior. Algunos de los ciudadanos cabildantes arrojan al aire sus cachuchas, sin actitud agresiva, y unos señores vestidos con chaquetas naranja, que exhiben el letrero “Gestores de convivencia”, se muestran agresivos, poco conviventes con los jóvenes que gritan pacíficamente sus consignas. No se ven brotes impulsivos, es decir con violencia, por parte de los jóvenes, contra nadie, ni se aprecia que nadie esté escupiendo a nadie. Si existe algún video que muestre esas actitudes reprobables (“de agresividad e intolerancia”, dice el editorial), no se ha hecho público. El que conozco, filmado por los reporteros de EL TIEMPO, muestra lo contrario.

La concejal verde Lucía Bastidas, “que de forma honesta y transparente ha apoyado la venta de la empresa (ETB), terminó insultada y vejada por una turba enfurecida justo en el preámbulo de la celebración del día de la mujer”, agrega el editorial. No parece que hubo tal “turba enfurecida”, según me lo han confirmado numerosas personas que estaban de observadores. Ni siquiera la concejal Bastidas se refiere a una turba, sino a un sujeto que la escupió y al que demandó ante la Fiscalía. El hombre ha negado la acusación y, como es su derecho, ha exigido que la concejal demuestre que fue él el autor del escupitajo; pero aún suponiendo que el sospechoso incurrió en acto tan vil, o que lo hubiera cometido cualquier otro, no es motivo para descalificar de un plumazo como “agresivos e intolerantes” a todos los que intervinieron en el cabildo del 7 y que abuchearon “la actitud valerosa y aleccionadora del alcalde Enrique Peñalosa”.

En el cabildo abierto del 20 de julio de 1810, los vasallos también abuchearon a los virreyes, encerraron a los oidores, y destruyeron en la Plaza Mayor las camas del tormento que se utilizaban para torturar a los sindicados de estar en desacuerdo con el régimen colonial. La historia no ha registrado como “agresiva e intolerante” la actuación de esos vasallos, que a partir de entonces adquirieron el título de ciudadanos libres y lo refrendaron con su sangre en la Guerra magna que tuvo su episodio decisivo diez años después en el campo de Boyacá.

Lo del cabildo abierto del 7, que fue cerrado, resultó una payasada de la administración que trataba de explicar “una decisión ya tomada” con unos argumentos pobres en vitaminas demostrativas. Que con el dinero de la venta de ETB se va a invertir en los niños (escuelas, jardines y parques) y se harán otras obras sociales. Tales obras sociales, que enumeró el alcalde, deben por lógica administrativa estar incluidas en el presupuesto ordinario del Distrito, tanto su construcción, si son nuevas, como sus gastos de mantenimiento. Un padre de familia debe tener contemplados en sus gastos normales el pago del colegio de sus hijos, el vestuario y la comida. Si tiene que vender el carro, o la casa, o cualquier otro bien patrimonial para financiarlos, sencillamente se está arruinando y comprometiendo el porvenir de la familia. Eso mismo pasa con la ciudad, a la que nuestro padre, el burgomaestre Peñalosa, piensa dejar endeudada para los próximos cien años. Quebrada y arruinada.

Por lo demás, ya se ven las maniobras para torpedear la revocatoria del alcalde. En ellas toman parte de lleno el presidente del Consejo Nacional Electoral, Alexánder Vega, y el presidente de la Federación Colombiana de Municipios, don Gilberto Toro. Don Gilberto le ha pedido a Alexánder revisar los procesos revocatorios de Acacías (Meta) y Sitio Nuevo y El Banco (Magdalena) para evitar “que este mecanismo democrático se use como instrumento político en beneficio de grupos que, en vez de utilizar la oposición de manera constructiva buscan entrabar políticas de beneficio común para cobijar un interés específico”. Con ese argumento peregrino, el presidente del CNE acogió la solicitud del señor Toro, y como Alexánder es hombre generoso, extendió la solicitud a los setenta procesos revocatorios que se adelantan en el país, no sin advertir que “no priorizará el de Bogotá”, sino que le brindará el mismo trato que a los demás del país, informa ‘El Espectador’ del 9 de marzo. De ahí se desprende que el CNE, en gesto sublime de igualitarismo, le dará largas a los tres comités que recogen firmas en Bogotá para apoyar la consulta revocatoria del alcalde, y que, finalmente, los anulará.

El análisis del presidente del CNE no habría estado mejor si lo hubiera hecho el propio alcalde Peñalosa. Dice Alexánder: “Garantizamos el debido proceso en cada caso porque pese (sic) a ser una herramienta de participación ciudadana, también tenemos que ser cuidadosos para no atentar contra la decisión de los votantes en las urnas (sic)”.

Lindo galimatías. ¿Debemos entender que, de acuerdo con Alexánder Vega, las herramientas de participación ciudadana se dan a pesar de …? Bueno saberlo. Tal vez la ley 1757 del 2015 se hizo para evitar que herramientas democráticas como la revocatoria puedan ser efectivas. Así lo colegimos de lo dicho por Aléxander y de los límites que le atravesaron a la participación ciudadana. Sin embargo la ley no señala que una consulta revocatoria podría “atentar contra la decisión de los votantes en las urnas”. ¿Eso qué significa, doctor Alexánder? Si en una consulta revocatoria pueden participar tanto los que votaron en las elecciones a favor del funcionario contra el cual se invoca para la consulta el voto de los ciudadanos, y ratificarle su confianza, o retirársela, en consonancia con su libre voluntad y criterio, de dónde saca el presidente del CNE que el proceso revocatorio (la recolección de firmas y la realización de la consulta) atenta contra la decisión de los votantes? En la consulta no van a sufragar solamente los que la promueven, sino todos los ciudadanos, tanto los que están a favor de que se revoque al alcalde, como los que están en contra de esa medida. Eso busca la herramienta de consulta revocatoria: la participación democrática en una decisión que les compete única y exclusivamente a los ciudadanos, y no a las interpretaciones caprichosas de un funcionario.

Cuando uno escucha razonamientos como los que usan el alcalde Peñalosa y el presidente del CNE, entiende por qué el país está patas arriba.


ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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