El liberalismo está vivo y es opción de poder

El liberalismo está vivo y es opción de poder

El liberalismo, con su candidato, sigue siendo una opción válida para los grandes cambios.

10 de marzo 2018 , 12:00 a.m.

El proceso electoral que estamos viviendo para elegir a los nuevos miembros del Congreso y al próximo presidente de la República ha estado signado por la polarización, las ofensas personales, las mentiras difundidas por algunos medios de comunicación y, sobre todo, por la violencia contra los candidatos que piensen distinto a sus agresores. Prueba de ello fue el reciente atentado contra el candidato Gustavo Petro en la ciudad de Cúcuta, que todos rechazamos.

Hoy más que nunca, las encuestas de los centros de consultoría se han convertido en una especie de ‘oráculo de Delfos’ en que todo lo que se dice se convierte en dogma; cuando la experiencia de los últimos años ha demostrado que es todo lo contrario. Lo que se predica en las encuestas ha resultado totalmente contrario a la realidad. Qué mejor prueba que el catastrófico resultado del plebiscito para aprobar los acuerdos de paz.

Las encuestas son índices de opinión, pero, si se interpretan mal, pueden producir peligrosas distorsiones. Hoy, mucha gente piensa que los únicos candidatos con opción presidencial son los dos punteros en las encuestas: Gustavo Petro e Iván Duque, del Centro Democrático. El mensaje es claro: los colombianos deben escoger entre quien supuestamente quiere convertir a Colombia en otra Venezuela y quien, sin ninguna experiencia en el manejo del Estado, pretende modificar sustancialmente los acuerdos de paz, con todos los peligros que esa actitud entraña.
No. El Partido Liberal, con su candidato presidencial, Humberto de la Calle, es la mejor garantía de convivencia y cambio de la sociedad colombiana. La preocupación por lo social, las gentes más necesitadas y la distribución de la tierra en forma equitativa han sido las banderas del liberalismo.

La preocupación por lo social, las gentes más necesitadas y la distribución de la tierra en forma equitativa han sido las banderas del liberalismo.

En el gobierno de Enrique Olaya Herrera se introdujeron las vacaciones remuneradas, la jornada de ocho horas y se fomentó la fundación de sindicatos; en el de Alfonso López Pumarejo se decretaron la limitación de los trabajadores extranjeros en las empresas colombianas, la fijación del salario para los trabajadores en la zona bananera, la protección de la maternidad y se autorizó el funcionamiento de la primera confederación de trabajadores de Colombia (CTC), medidas todas que se complementan en su segunda administración, en la cual se reconocieron el derecho de cesantía, el pago del domingo no trabajado, el salario mínimo, y se reguló el reconocimiento de las horas extras y el derecho de huelga.

También son de su cosecha la intervención del Estado en la economía, el concepto de que la propiedad tiene una función social y el de que la tierra le debe corresponder al que la trabaja. Esta es la filosofía tanto de la Ley 200 de 1936, o ley de tierras, del gobierno de López Pumarejo, como del proyecto de reforma agraria de Carlos Lleras Restrepo. Otra cosa es que no pudieron ejecutarse debido a los intereses de los grandes terratenientes que hoy subsisten y se han opuesto sistemáticamente a cualquier cambio que afecte sus privilegios. Lo social no les interesa.

Este relato quedaría incompleto si no hiciéramos mención del significado que tuvieron para nuestro partido, el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), dirigido por el expresidente López Michelsen, su programa Sett (‘Salud, educación, techo, tierra y trabajo’) y los aportes del grupo de Los Nuevos, de tendencia socialista. Tampoco sería justo dejar de mencionar la introducción del sistema del Sisbén, en el gobierno de Ernesto Samper Pizano, que ha permitido el acceso a los servicios de salud para los más necesitados.

Lo descrito anteriormente debe servirles a los electores para recordarles que el liberalismo, con su candidato, sigue siendo una opción válida para los grandes cambios que exige hoy la sociedad colombiana.

ENRIQUE GAVIRIA LIÉVANO

Columnistas

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