La revolución de la ignorancia

La revolución de la ignorancia

Es difícil olvidar aquella época en la que Venezuela era una nación de ignorantes cobardes.

28 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Mientras unos abren los ojos, sin saber si lo hacen a tiempo o demasiado tarde, y otros siguen creyendo aquellas mentiras provenientes de esa élite que sabe perfectamente que lo que dicen son cosas absurdas, existen personas (quizás demasiadas) que prefieren seguir viviendo en la ignorancia y, peor aún, demostrar con palabras y hechos que lo son, y no precisamente por desconocer temas que se estudian en el colegio.

Algunos creen que se están comiendo al mundo porque aceptan todo lo que el gobierno les ofrece a cambio de su lealtad cuando no le son leales; estas son las personas que desde el interior del país viajan a Caracas en los autobuses pagados por las alcaldías y se visten de rojo en los días patrios, como 19 de abril o 1.o de mayo (sin siquiera saber qué ocurrió tal día como aquel), pero que al bajarse van a visitar a sus familias o a comprar ropa con el bono que les dieron para el viaje. Son empleados que se compran con pago adelantado y un teléfono inteligente, y por una cuota adicional le dan al gobierno un voto, silencio y sumisión. Son personas sin moral, ni principios ni dignidad.

Otros son aquellos que conocemos por su nombre y con quienes evitamos hablar de política, quienes más que ignorantes están ciegos y a quienes el régimen les miente con facilidad porque, en la mayoría de los casos, están desesperados por oír una mentira a pesar de que al igual que la mayoría son afectados por el hambre y la escasez, solo que ellos repiten que todo es culpa de la ‘guerra económica’, ‘el Imperio’ y ‘la oposición golpista’ aunque no hayan visto la primera prueba de eso.

Existe un tercer tipo, uno que se inclina más hacia la cobardía; son esas personas que por miedo no firmaron para el referéndum revocatorio y que van a sacarse el carnet de la patria porque vieron la cadena donde Maduro casi les ordenaba a las personas que lo hicieran si querían comprar comida de Mercal o recibir las bolsas Clap. Podemos preguntarles el porqué de su actitud y todos responderán de la misma manera ‘Es la única forma de comer’.

Ahora hay muchas personas que ya sea por frustración o cansancio se decidieron por fin a alzar su voz, dejando de lado la cobardía y con fe en que lo que están haciendo funcionará; mientras que otros luchan de una manera diferente, buscando información y dejando de lado la indiferencia, pero sin dejar que otros decidan lo que es correcto y creando ellos mismos su propio concepto de lo que Venezuela debería ser.

Los ignorantes son cada vez menos, pero es muy difícil no recordar aquella época no muy lejana en la que Venezuela era una nación de ignorantes cobardes o de cobardes ignorantes que se dejaban doblegar por unos pocos. Así éramos todos, no solo aquel fallecido militar de falsas palabras que tenía una percepción bastante errada de lo que es correcto, ni este que parece un heredero malcriado e incapaz jugando con la corona de su padre, o la élite de políticos corruptos o aquellos que escuchan las cadenas a través de radios con interferencia desde casa de zinc. Porque sí, la minoría que los apoya son grandes ignorantes, pero quienes hablan mal de ellos pero se van a hacer cola para comprar comida a las 2 de la mañana siguen parados ahí, soportando hambre, frío y sueño porque ‘hay que comer’.

ELLY HERNÁNDEZ
* ​Estudiante de la Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela.

Columnistas

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