Capital de la miseria

Capital de la miseria

Estamos comiendo basura. Mientras Maduro engorda el país adelgaza.

20 de junio 2018 , 12:00 a.m.

CARACAS. El hambre pareciera ser lo único que tenemos en común, Venezuela es ahora un país desnutrido donde ya no se habla de política sino del precio inalcanzable de los productos de primera necesidad. El sonido de un estómago vacío ya es parte de nuestra cotidianidad y hemos tenido que aprender a tomar agua para engañar al hambre por unos pocos minutos. Hay quien eructa para que el sabor de una comida pasada vuelva a subir por la garganta y quien cierra los ojos para imaginar que la concha de plátano es en realidad carne de res.

Para nosotros, quienes vivimos en la capital de la miseria sin ser miserables de nacimiento el resignarnos a estar hambrientos se volvió una necesidad porque como se lo dijo un africano a Martín Caparrós: ¿Si no puedo comprar pollo, por qué quiero que me guste?, esa es la mentalidad que terminaremos por desarrollar en Venezuela.

Yo me crié comiendo parrilla los domingos y cenando hamburguesas los viernes, merendaba helado y cuando nadie quería cocinar siempre estuvieron nuestros amigos fieles llamados restaurantes. Nunca comía lo mismo 2 veces al día.

¿Si no puedo comprar pollo, por qué quiero que me guste?, esa es la mentalidad que terminaremos por desarrollar en Venezuela.

Ahora me doy cuenta que el tener hambre fue tan solo el punto de partida, porque soy testigo de lo que parecieran ser lecciones de vida indigente al ver cómo personas sin apariencia de mendigos caminan por las calles sin rumbo definido, con un bolso tricolor a cuestas y una gorra agujereada, para tapar su identidad, se detienen en los basureros improvisados para buscar un muslo de pollo en una bolsa negra que alguien dejó ahí a propósito por considerarlo basura.

La mayoría son hombres jóvenes que salen de hogares pobres pero estables a esperar que los restaurantes y supermercados saquen la basura para ellos tener un bocado que llevarse a la boca. Algunos llevan de la mano a niños en edad escolar que son a duras penas más altos que las aves de rapiña que despellejan los huesos de un perro muerto al lado de la carretera.

Literalmente estamos comiendo basura. Mientras Maduro engorda el país adelgaza, mientras la MUD busca apoyo en una interminable reunión de la ONU hay venezolanos que mendigan una punta de empanada y mientras unos se van a dormir con el estómago lleno otros añoran que los desechos del baño no estén en la misma bolsa que las sobras de comida.

ELLY HERNÁNDEZ

Columnistas

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