Intelectuales, políticos y crispación
Por: EDUARDO POSADA CARBÓ |
Pocas reuniones han sido objeto de tanta especulación en tiempos recientes.
'Grupo de intelectuales buscará poner fin a polarización' fue el titular de EL TIEMPO; 'Crearían comisión de notables para terminar confrontación Santos-Uribe' fue el de El Espectador. 'Nada de eso', se leía en 'Mi querido diario' en lasillavacia.com: la reunión incluiría también políticos, pero para hablar sobre los problemas del país. Mientras tanto, semana.com barajaba nombres de asistentes y organizadores, bautizaba el evento con cierta mofa, y le identificaba con móviles de proyecto político.
Al escribir estas líneas (miércoles), algunos de los asistentes estaban aterrizando en el aeropuerto de Rionegro, rumbo al tan anunciado encuentro -"novelón de suspenso y de misterio", según El Colombiano-. Desconozco, pues, quiénes asisten y cuál será la agenda. Pero por encima de los nombres y las razones que animan la reunión, la sola curiosidad pública que ha logrado atraer antes de su ocurrencia debe ser motivo de reflexión.
Es claro, ante todo, que existen serias preocupaciones sobre la polarización política, la crispación, agravada al parecer en las últimas semanas. Es claro también que el continuo y hasta creciente desencanto con los partidos políticos, viejos y nuevos, estimula expectativas públicas por nuevos horizontes.
Así la reunión de Medellín no se ocupe de la polarización, debe registrarse el mensaje difundido por las solas especulaciones sobre el evento y con eco casi inmediato en el debate público. "El país pide a gritos un diálogo entre Uribe y Santos", observó el vicepresidente de la República, Angelino Garzón.
Es un diálogo pendiente desde hace largo rato. "Hace falta que alguien logre que haya una reunión de Uribe con Santos", observó el expresidente de la Andi, Fabio Echeverri Correa, hace casi un año (El Espectador, 9-10-11). Echeverri Correa manifestó entonces preocupación por los "efectos catastróficos" que podría tener la confrontación de ambos líderes, "tal como sucedió a finales de los años 40". En vez de apaciguarse, el enfrentamiento ha subido de tono. La falta de diálogo entre un presidente y su antecesor no es buena señal para el buen gobierno de ningún país. Pero, además, el diálogo que exigen las circunstancias colombianas tendría que ampliarse a todas las fuerzas políticas democráticas.
Fue deplorable el desencuentro entre el Gobierno y la oposición durante la administración pasada. Es paradójico que el Congreso haya aprobado un "marco para la paz" en medio de un ambiente de tanta crispación que solo puede servir para frustrar cualquier ilusión. Hay que repetirlo con insistencia: es muy difícil, y hasta imposible, concebir una estrategia efectiva de paz con las guerrillas sin una "paz" entre las fuerzas políticas -esa "paz antes de la paz"- que debería demandarse con urgencia.
No es claro que la polarización entre las élites refleje similares niveles de polarización en sus respectivas sociedades. Pero, como lo han demostrado importantes trabajos académicos, las élites polarizadas han conducido con frecuencia sus sociedades al despeñadero.
Al concluir estas líneas, leo que "la misteriosa cumbre de Medellín" "culmina con una rueda de prensa". Cesará entonces el misterio. "Hay quienes creen", leo también, "que allí podría nacer una propuesta política y hasta una candidatura presidencial", tras descartarse que los asistentes al encuentro "vayan a buscar fórmulas para acercar al presidente Santos y al expresidente Uribe".
Quizás. Pero los resultados de esa "cumbre" tal vez importen menos que el mensaje ya propagado, gracias a las especulaciones que acompañaron a su convocatoria: es importante contener la polarización.
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