A los 6 años de edad, en 1967, Barack Obama se fue a vivir a Indonesia con su madre. Jakarta -la capital de esa nación de más de 17.000 islas- se confunde hoy en su memoria con los recuerdos de una niñez alegre, "llena de aventuras y misterio".
Obama conoce las cifras. Con más de 240 millones de personas, Indonesia tiene la cuarta población mundial, después de China, India y los mismos Estados Unidos. Se hablan allí más de 700 idiomas. Casi el 90 por ciento de su gente es musulmana. En las últimas seis décadas, la influencia norteamericana en los destinos de Indonesia ha sido notable. Pero predomina en ese país un "sentimiento antiamericano", ausente en el pasado. En el 2003, la figura de Osama bin Laden recibió en las encuestas de opinión más simpatías que la de George W. Bush. Barack Obama no deja de sorprenderse de que la mayoría de sus compatriotas no puedan identificar a Indonesia en el mapa. (¿Cuántos aquí podríamos hacerlo?).
Sus reflexiones sobre este país se encuentran en uno de los últimos capítulos de su libro, The audacity of hope. Tal ubicación no es señal de escaso interés frente a otros asuntos. E Indonesia sirve apenas de abrebocas, como una "metáfora" para su más amplio análisis del "mundo más allá de nuestras fronteras".
Como en otros aspectos de su pensamiento, el papel internacional que Obama proyecta para los Estados Unidos está inspirado en una mezcla heterodoxa. Sobresalen ciertos ideales que recurrentemente han motivado la política exterior de su país, pero al lado de una dosis fuerte de realismo sobre las relaciones del poder. Descarta sí el aislacionismo. Ve la seguridad de los Estados Unidos íntimamente ligada con la seguridad de otros rincones: "La amenaza creciente proviene más que todo de aquellas partes del mundo en los márgenes de la economía global", donde las normas internacionales no existen -el territorio de los "Estados débiles o fracasados, de la arbitrariedad, la corrupción y la violencia crónica"-.
Más que una estrategia específica contra tales amenazas, Obama adelanta en su libro unos cuantos principios. Comienza con reiterar una premisa básica: los Estados Unidos, "como cualquier nación soberana, tiene el derecho unilateral de defenderse" -ello incluye el derecho de tomar acciones unilaterales "para eliminar una amenaza inminente a nuestra seguridad"-. Pero Obama proclama también la necesidad de acudir a la diplomacia multilateral, sobre todo cuando se trata de desplegar la fuerza para intervenir en los problemas mundiales. De cualquier manera, Obama acepta que los Estados Unidos conservarán el papel de "comisarios renuentes del mundo".
Eso no cambiará bajo su presidencia. El intervencionismo quizá se intensifique, acompañado de esfuerzos diplomáticos para ganar la "batalla de las ideas", combinando el poder de la fuerza con ideales normativos que le puedan conferir a los Estados Unidos otro tipo de liderazgo. Obama ha evocado el espíritu de liderazgo propuesto en su momento por Woodrow Wilson, en la búsqueda de aliados internacionales que compartan una serie de valores basados en el respeto a la libertad, la democracia y el imperio a la ley como marco para la reconstrucción de las normas e instituciones internacionales. Su libro anuncia la necesidad de una nueva política exterior norteamericana, fundamentada en el consenso bipartidista.
Por supuesto que The audacity of hope no contiene su plataforma de gobierno. Sin embargo, no es frecuente toparse con presidentes de los Estados Unidos (o de otros países) que hayan escrito libros antes de llegar al poder. Sus páginas ganan entonces actualidad y nos pueden decir algo sobre su visión del mundo, que de alguna u otra manera se proyectará en la política exterior bajo su mandato.
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