2012: apuesta por la paz
Por: EDUARDO POSADA CARBÓ | 6:24 p.m. | 29 de Diciembre del 2011
Al finalizar el año habría que renovar los propósitos nacionales por la paz. Hay razones para pensar que la perspectiva del fin del conflicto armado no es hoy una simple ilusión. Las frustraciones pasadas, es cierto, alimentan el escepticismo. Se puede ser escéptico sin abrazar la fatalidad como porvenir eterno. Pero en este caso se requieren buenas dosis del "sí se puede" que, en tantas ocasiones, ha servido para reanimar las esperanzas.
El punto de partida es reconocer la continua gravedad del problema. Ya entrada la segunda década del siglo XXI, aún existen organizaciones que acuden de manera sistemática a la violencia y el terror con fines de tomarse el poder en Colombia.
Pocos niegan los avances de las fuerzas del Estado contra tales organizaciones en los últimos años. Sin embargo, la tarea por delante sigue siendo descomunal. Hay que evitar por ello la complacencia, una tentación que podría parecer más atractiva en momentos de crecimiento económico superiores al siete por ciento.
Mientras sobreviva el conflicto armado, esas señales de progreso sí son ilusiones frente a las amenazas de vivir en ciclos perennes de violencia. Tales perspectivas no pueden ser esperanzadoras para nadie.
"Colombia necesita urgentemente una propuesta concreta, incluyente e innovadora, para terminar el conflicto armado", escribió Kristian Herbolzheimer, miembro de una ONG con base en Londres (EL TIEMPO, 27/12/11). Más fácil decirlo que hacerlo. Propuestas además nunca han faltado. Pero la invitación de Herbolzheimer a "superar el fatalismo" es bienvenida y motiva a perseverar en los intentos.
Algunas condiciones podrían propiciar un mejor ambiente para darle pronto fin al conflicto armado, es decir, conquistar la paz.
La primera se encuentra en el campo de las ideas que le den sustento. Frente a las tendencias extremas, hay que ampliar el centro. Ello exige mayores esfuerzos intelectuales. Como revalorar las tradiciones de moderación tan bien descritas por Jaime Jaramillo en su ensayo 'La personalidad histórica de los colombianos'. O apreciar los éxitos de previos procesos de paz. O entender mejor el significado de la democracia liberal, no como la panacea, sino como el sistema de gobierno que permite buscar sin violencia la resolución de los conflictos en sociedad.
La segunda condición depende de la doble tarea del Estado, en su papel de garante de la seguridad y del bienestar ciudadanos. En ninguna de ellas el Estado puede bajar la guardia, ni cruzarse de brazos. Quizás algunos lo encuentren paradójico; pero una paz con buenos éxitos, duradera, exige altos niveles de seguridad hasta para los mismos enemigos del Estado.
Es difícil concebir la paz sin un Estado fortalecido militarmente. Un fortalecimiento legítimo, por supuesto, respetuoso de los derechos humanos y acompañado de las otras acciones esenciales para la vida social que también le definen.
La tercera condición es política. Un acuerdo entre los distintos partidos y fuerzas democráticas del país facilitaría la pronta resolución del conflicto. El ambiente de crispación dentro del sistema político es nefasto. Solo sirve para enviar señales equívocas, dentro y fuera del país.
En el campo doméstico, estimula entre los grupos armados ilegales la creencia de que podrían volver a ganar terreno en medio de la polarización; les bastaría aguantar y esperar hasta que se revuelvan más las aguas. En el exterior, perdemos credibilidad y respeto. Un frente unido es la base de toda estrategia estatal efectiva para buscarle fin al conflicto.
Importa pues renovar las esperanzas por una paz pronta y duradera. Para el bienestar colectivo, es la mejor forma de despedir el 2011 y darle la bienvenida al año nuevo.
Otras noticias hoy





