Transmilenio: licitación crucial

Transmilenio: licitación crucial

La meta de emisiones para el transporte público debe ser la más ambiciosa posible.

17 de abril 2018 , 12:00 a.m.

La alcaldía de Bogotá se encuentra ad portas de cometer un error histórico al no reconocer la importancia de las tecnologías limpias en la nueva licitación de Transmilenio. En la definición de los buses que utilizaremos durante, al menos, los próximos doce años no existen incentivos reales para que éstos sean consistentes con nuestro estado de desarrollo económico ni con el severo problema de contaminación del aire que enfrentamos. Vale recordar que nuestra condición de capital nos hace referentes para el país y la región, y que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos considera a la contaminación del aire como el principal desafío ambiental urbano.

La Resolución 1111 de 2013 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, entre otras normas vigentes, establece requisitos para que la flota diésel que ingresa a los sistemas de transporte masivo cuente con tecnologías tipo Euro IV (que implica reducciones del 90% en las emisiones de partículas). Esto significa que la buena noticia de la mejora ambiental que se logra con el remplazo de la flota de buses sucederá de forma independiente a los pliegos en referencia. Lo que despierta críticas es la ausencia de voluntad política de la Administración para hacer una apuesta más generosa y ambiciosa, que trascienda los mínimos requisitos legales.

No encuentro argumentos técnicos, políticos ni económicos para justificar que Bogotá se margine de la documentada e irreversible tendencia mundial hacia la movilidad eléctrica.

En este contexto, quiero poner a consideración de los lectores algunas reflexiones en lo referente a costos y robustez de las tecnologías limpias, los que han sido los principales argumentos de la Administración Distrital para resistirse a incluir mayores incentivos para éstas en los pliegos:

Primero, no hay razones para pensar que en Bogotá no puedan rodar buses eléctricos de forma masiva. Siendo cierto que toda tecnología representa desafíos en su implementación, asegurar que en nuestra ciudad tales desafíos son insuperables en el corto plazo lo percibo incorrecto. Por numerosas ciudades del mundo circulan hoy cerca de 400,000 buses eléctricos y se espera que para 2025 la mitad de los buses municipales del planeta sean eléctricos. ¿Qué tiene Bogotá de particular para no ser parte de esa tendencia?

Segundo, no es cierta la relación directa entre tecnologías limpias e incrementos de tarifas. Por un lado, eso dependerá de los participantes en la licitación, quienes podrían utilizar esquemas novedosos para reducir sus costos (v.g., modelos de leasing para las baterías) o incluir en sus cálculos financieros la reducción del 70% en los precios de las baterías durante los últimos cinco años. Por el otro, el Estado podría subsidiar la operación considerando que menores emisiones de contaminantes traerán ahorros para el sistema de salud, consecuencia de la reducción de enfermedades respiratorias que hoy nos cuestan centenares de miles de millones de pesos al año.

Tercero, la meta de emisiones para el transporte público debe ser la más ambiciosa posible. Dichas emisiones no solo afectan las condiciones generales de calidad del aire, sino que también generan enormes impactos en los niveles de exposición de las persones en aceras, en el interior de las estaciones y en las mismas cabinas de los buses. Dada la mayor cercanía y la forma en que opera una ciudad, la probabilidad de que un bogotano inhale una partícula que proviene de un bus es miles de veces mayor a la probabilidad de respirar alguna proveniente de una chimenea industrial.

No encuentro argumentos técnicos, políticos ni económicos para justificar que Bogotá se margine de la documentada e irreversible tendencia mundial hacia la movilidad eléctrica. Siendo la nueva licitación de Transmilenio el instrumento más significativo en tal dirección, la carga de la prueba para abstenerse recae en la Administración. Lo que han dicho hasta ahora es cuestionable y no convence. El debate exige una explicación de por qué no tenemos derecho a una ciudad saludable, limpia y moderna.

EDUARDO BEHRENTZ

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.