Mediocres

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O nos seguimos ‘haciendo pasito’ o frenamos de fondo la mediocridad para promover la excelencia.

16 de octubre 2017 , 11:58 p.m.

Múltiples pensadores han planteado el experimento teórico de una sociedad ancestral que es dividida en dos grupos con ideologías distintas, para luego imaginar cuál de ellas resulta más exitosa después de varias generaciones. Uno de ellos es el autor J. Hermanowicz, quien plantea la hipotética situación en la que un primer grupo tiene como principio la distribución igualitaria de todo recurso disponible, independientemente de las habilidades naturales de sus miembros. El segundo grupo, por su parte, sostiene que sus integrantes deben competir para que aquellos que logren destacarse obtengan mayores recompensas y acceso a posiciones de autoridad.

En este experimento, en los primeros años de ejecución, el primer grupo muestra elevados niveles de felicidad, pero con el transcurso del tiempo se ven opacados por la capacidad de innovación del segundo grupo. Los primeros fundan su comodidad en el hecho de que todos los recursos se comparten, mientras los segundos se ven apalancados por las innovaciones que algunos de sus integrantes generan en la resolución de desafíos crecientes.

Otra forma de leer estos resultados es imaginando a dos equipos de fútbol, uno los cuales permite que, en cada fecha, toda persona que lo desee puede ser parte de él sin importar sus habilidades atléticas, mientras el que segundo cuenta con un competitivo proceso de selección. No es difícil suponer cuál equipo tiene mayor opción de ser campeón de su liga.

Para el avance de las sociedades, lo anterior tiene implicaciones macroeconómicas de largo plazo. Una gran diferencia entre las naciones desarrolladas y las que aún no logramos el éxito social es la centralidad del concepto de excelencia y el entendimiento de las bondades de la competencia y la selección como mecanismos de progreso. Quienes avanzan en la economía del conocimiento reconocen la importancia de valorar el talento, cuya estrategia de desarrollo se basa, en parte, en la identificación y fomento de los ciudadanos más capaces.

Los países con altos estándares de calidad de vida saben que promover a quienes tienen aptitudes especiales genera beneficios para la sociedad entera, de manera que brindar oportunidades particulares al talento excepcional ha sido cuna de científicos, emprendedores, artistas y deportistas que en retorno han producido lo mejor que la raza humana tiene para ofrecerse a sí misma.

Tal parece que los que no logramos avanzar en la escalera del progreso económico creemos todo lo contrario. Celebramos la falta de ambición y la interpretamos como solidaridad de grupo; consideramos mal visto el reconocer que existen ciudadanos más talentosos que otros, mientras nos regocijamos en pertenecer al promedio de nuestros pares como medida de falsa equidad. Al final, confundimos igualdad de oportunidades con mediocridad.

Cierto es que todos merecemos un básico de opciones para desarrollar las propias capacidades sin importar la cuna que el destino nos otorga. Pero esto no niega la posibilidad de que algunos entre nosotros puedan salirse de la tendencia, y, contando con los mismos recursos que los demás, terminen generando mayor valor agregado dadas sus facultades especiales.

Encontrar equivalente la equidad en el acceso a oportunidades con el hecho de que todos tenemos que lograr lo mismo en la vida es simplemente un contentillo ideológico que solo garantiza el estancamiento de todos como conjunto. Esto es algo que se vive a diario en espacios académicos y profesionales en donde la receta para caerle bien a todo el mundo es comulgar con un ficticio igualitarismo mientras se evita exigir al límite a los involucrados, consolidando la fórmula ideal para perpetuar pobres niveles de competitividad y productividad. La decisión es nuestra: o nos seguimos ‘haciendo pasito’ o frenamos de fondo la mediocridad para promover la excelencia. El resultado ya lo conocemos, y será el legado que dejaremos a las futuras generaciones.

EDUARDO BEHRENTZ@behrentz

Columnistas

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