¿Crisis en la ingeniería?

¿Crisis en la ingeniería?

¿Las facultades de ingeniería están fallando en la formación de los profesionales que necesitamos?

29 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Siniestros de alto interés mediático han puesto en tela de juicio la calidad de la ingeniería nacional, así como la capacidad de realizar obras de alta complejidad en el país. Esto incluye el colapso del edificio Space en Medellín, el desplome del puente Chirajara y la reciente emergencia en Hidroituango. ¿Se puede decir, entonces, que no podemos soñar con grandes intervenciones? ¿Será cierto que las facultades de ingeniería están fallando en la formación de los profesionales que necesitamos, como dicen algunos?

Para poner esta discusión en contexto, y aclarando que no hay lugar a justificaciones cuando se afecta la vida o la integridad humanas, debemos recordar que son muchas las catástrofes que han ocurrido en la historia cuando la humanidad se ha planteado apuestas ambiciosas. Algunos ejemplos clásicos son el hundimiento del Titanic, la falla de la presa St. Francis en California y el colapso del puente Tacoma. En tiempos más recientes ocurrió el desplome del hotel Hyatt en Kansas, el desastre del transbordador espacial Columbia y la explosión de la plataforma petrolera Deepwater Horizon.

En estas tragedias de orden internacional, si bien el origen de las fallas ha sido de naturaleza técnica, existen antecedentes adicionales que, según las investigaciones realizadas, han sido promotores y causales de tales fallas. Existen, por ejemplo, decisiones corporativas con motivaciones económicas para optimizar diseños y materiales constructivos con el objeto de reducir costos y ampliar utilidades.

Un primer paso es entender de mejor forma cómo el siempre existente afán por lograr cierres financieros puede estar generando presiones indebidas en la toma de decisiones de los proyectos.

También de carácter operativo, buscando maximizar la productividad, reduciendo los tiempos dedicados al mantenimiento preventivo o acelerando la puesta en operación de los sistemas, sacrificando así diagnósticos y verificaciones de integridad de la infraestructura.

Estos referentes son relevantes para nuestro contexto, para el que deberíamos incluir el factor corporativo antes mencionado en los análisis de las propias tragedias. Un primer paso es entender de mejor forma cómo el siempre existente afán por lograr cierres financieros puede estar generando presiones indebidas en la toma de decisiones de los proyectos. Sin negar la importancia de variables como la utilidad y el retorno de una inversión, la visión de largo plazo y la apropiada consideración del riesgo no deben quedar en un segundo plano.

Esta realidad tiene como implicación adicional que en la jerarquía estándar observada en los grandes contratos, no es común que los técnicos más experimentados sean los encargados de las principales decisiones. Por el contrario, tal perfil profesional puede quedar atrapado en presiones de sus superiores para no convertirse en la piedra en el zapato que impida el avance de los proyectos. De ser este el caso, la gran pregunta que nos queda es acerca del papel de las firmas de interventoría, quienes representan al Estado en su responsabilidad veedora y para las cuales no hay excusa de no dar a conocer sus eventuales dudas y cuestionamientos.

El país merece diagnósticos contundentes y responsabilidades claras sobre estos dolorosos episodios, pero no para llorar sobre la leche derramada ni para entrar en el falso negativismo de que la ingeniería colombiana es mala. Mejor apliquemos la necesaria autocrítica en un contexto de corresponsabilidad con el fin de habilitar apuestas ambiciosas que promuevan la competitividad de la nación. Un primer paso es concentrarnos en asegurar la calidad de los procesos de contratación pública en el marco de reglas justas y transparentes. Esto es precisamente lo aprendido por las economías desarrolladas después de sus crisis y tragedias. Ahora que somos parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) tenemos una nueva razón para imitar y aplicar dicho enfoque.

EDUARDO BEHRENTZ

Columnistas

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