Quién lo hubiera dicho

Quién lo hubiera dicho

Es increíble que luego de 50 años ni la música ni el humor se les hayan agotado a Les Luthiers.

09 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

El célebre conjunto argentino Les Luthiers anda celebrando 50 años de labores con un divertido lema a la altura de su historia: ‘Quién lo hubiera dicho’. Y sí: resulta increíble que ni la música, ni el humor ni los juegos de palabras, que los han convertido en toda una institución, se les hayan agotado luego de cinco décadas de discos y presentaciones, pero hubo un momento, quizás hace 30 años, cuando fue evidente que sus espectáculos iban a ser para siempre.

A finales de los años 70 y principios de los 80 comenzaron a ser enormemente populares en Colombia: sus casetes iban de familia en familia, sus conciertos llenaban los teatros del país, su bella música en broma y sus chistes empezaron a formar parte de nuestra cultura. La gente se sabía de memoria –y sigue sabiéndose– piezas geniales como El teorema de Tales, Teresa y el oso, Serenata mariachi, La bella y graciosa moza, La cantata de don Rodrigo, La gallina dijo eureka y Las majas del Bergantín.

Sin Rabinovich y en su honor, Les Luthiers regresa

De izquierda a derecha: Horacio Turano, Marcos Mundstock, Jorge Maronna, Carlos Núñez Cortés, Martín O'Connor y Carlos López Puccio, la actual alineación de Les Luthiers.

Foto:

Archivo particular

Ya era inusual, heroico tal vez, que una banda de músicos –cómicos, además, y de los mejores– permaneciera unida después de 20 años de labores, pero, a diferencia de por ejemplo los ingleses Monty Python, Les Luthiers no solo atravesaron las siguientes tres décadas como un acto memorable superior a las modas y los vaivenes de los gobiernos latinoamericanos, sino que lo hicieron sin perder su energía ni su genio creativo: obras como 'El sendero de Warren Sánchez', 'El negro quiere bailar' o 'La comisión', entre muchas otras, probaron que a esa gloria jamás le iba a llegar la decadencia.

Por el camino se han quedado sin figuras fundamentales en su larga carrera: el fundador, Gerardo Masana, falleció en 1973, el brillante Ernesto Acher se retiró en 1986, el genial Daniel Rabinovich, que sigue considerándose “el más cómico de todos”, murió en 2015. Pero los cuatro sobrevivientes –López, Maronna, Mundstock y Núñez– han llegado al 2017 dispuestos a ser reconocidos, con el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades y las menciones Alberdi y Sarmiento del Congreso argentino, como un fenómeno irrepetible.

editorial@eltiempo.com

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