Se ignora qué desenvolvimientos va a producir la irrupción de Íngrid Betancourt en los panoramas político y, más incierto aún, electoral inmediatos. De todas maneras se puede hablar de que hay unas figuras más ganadoras que otras con el replanteamiento del fenómeno Íngrid.
Entre los ganadores ya se ha mencionado reiteradamente al presidente Uribe y a su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos. Y el futuro de este depende de lo que decida el Presidente en materia de reelección, porque de lo que no cabe duda es de que Uribe se puede dar el lujo hoy de designar a su pupilo prácticamente a dedo, que hasta ahora es lo que ha hecho con su ministro de Defensa, al darle mucho oxígeno en distintas declaraciones.
¿Cuáles podrían ser, hasta ahora, los perdedores eventuales?
Sorpresivamente, Francisco Santos, el vicepresidente.
Por un lado ha sido mediáticamente opacado por su primo Juan Manuel, pero también -paradójicamente- es curioso que Pacho, quien siempre ha enarbolado la causa del flagelo que viven los secuestrados (no hay que olvidar que cuando Álvaro Uribe lo escogió como su fórmula vicepresidencial lo hizo pensando en sus condiciones de presidente de la Fundación País Libre y su lucha por la situación y suerte de los secuestrados. Él más que nadie, quien vivió en carne propia semejante drama). Las causas políticas de Pacho están hoy más identificadas con la anticorrupción, pero parecería que esas sorpresivamente ya no son tan rentables desde el punto de vista proselitista.
Otra figura algo desdibujada en este escenario ha sido el ex presidente César Gaviria. No se observa un hilo nítido que lo amarre con Íngrid, y es difícil pensar que el Partido Liberal no tenga candidato propio para los próximos comicios presidenciales. Y que como jefe único de la colectividad no promueva a un representante o personero, así tampoco haya hoy ninguna figura arrolladora que se proyecte.
Podría pensarse que Luis Eduardo Garzón se beneficiaría más con la irrupción de Íngrid por la distancia que mantiene con gente del Polo Democrático, y ya fue muy claro en advertir que a lo único que no se podrá dedicar Betancourt es a vender paletas.
De todas maneras hay otros nombres que no se sabe si para ellos lo de Íngrid es un tsunami o una catapulta, pues esto último no se ve claro. Aludo a nombres como Antanas Mockus, Sergio Fajardo y otros hoy menos protagónicos como Gustavo Petro, Carlos Gaviria y algunos liberales demasiado inadvertidos.
Dos siguen siendo los grandes interrogantes. El primero es si Íngrid se va a lanzar a la Presidencia en el 2010, y si la anunciada alianza del Polo con el oficialismo liberal está dispuesta a irse con ella. Eso falta por verse.
La otra gran pregunta es si Uribe mantiene sus pretensiones reeleccionistas o si definitivamente le va a dar chance a algún pupilo suyo, que en estos momentos parecería ser Juan Manuel Santos, por todo lo que ha dicho y hecho.
Igualmente se ignora cuál sería el comportamiento de electores independientes, pero que quieren participar en la contienda, como decir el samperismo. Puede que no se trate de una fuerza vital, pero tampoco puede desconocerse que tiene su capacidad de obstrucción y que no necesariamente estaría con Íngrid, pero tampoco con Juan Manuel Santos. Que hable Samper en su condición de ex presidente, porque él tiene forma de orientar a su caudal que algún peso juega, aunque algunos pretendan desconocer su influencia.
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