Gaitán y Nariño

Gaitán y Nariño

El mejor homenaje que se le puede tributar a Gaitán es el de reivindicar su pensamiento político.

25 de abril 2017 , 08:30 p.m.

Se cumplieron sesenta y nueve años del magnicidio de Gaitán. Su ideario está vigente, igual que el sentido de su lucha popular. Lo extinguieron físicamente tres balazos hechos desde la sombra por cobardes autores intelectuales, que postergaron no se sabe hasta cuándo el triunfo del socialismo democrático liberal.

El país político sigue divorciado del país nacional, como el caudillo lo denunció. Los privilegios plutocráticos contra los que combatió se encuentran intactos e incrementados, en abierto desafío al derecho a la igualdad ante la vida, especialmente de gente irredenta, desheredada de la fortuna.

Era él “conductor necesario para recibir las legiones de la desesperanza” (Silvio Villegas), que hubiera enrumbado a Colombia por caminos diferentes a los del dolor, sangre, lágrimas, oprobio, pobreza, injusticia y corrupción. Sacudió a la sociedad, alertándola por la decadencia de la moral colectiva. El grito de combate “Por la restauración moral y democrática de la República” repercute hasta el presente.

Gaitán profesó especial afecto por Nariño. Visitó este departamento en épocas aciagas de la violencia partidista.

En abril de 1941, Gaitán es elegido senador por el departamento de Nariño, en atención a su subyugadora elocuencia, que censuraba sin contemplación las ventajas de las minoritarias castas monopolizadoras del poder, en defensa de los débiles y excluidos. Era el único caudillo enfrentado al orden injusto establecido, leal intérprete del sentimiento popular. Fue una decisión libérrima, emanada del pálpito colectivo y de la necesidad de un cambio revolucionario y democrático.

No podía ser de otra manera, que una comarca vilipendiada por el olvido, la discriminación y la marginalidad procediera fiel a su tradición histórica de rebeldía, ungiendo como su senador al hombre público más rebelde con causa y valioso de la época. Muere en la Clínica Central de Bogotá, atendido, entre otros, por el extraordinario médico nariñense Hernando Guerrero Villota. Nariño –lo exalta su vocero en la Cámara alta y siete años después un hijo de esta tierra– trata inútilmente de salvarle la vida.

El tribuno inmolado profesó especial afecto por Nariño. En el memorial de agravios que presentó al presidente Ospina Pérez, en abril de 1947, denuncia la persecución al liberalismo en varios pueblos del país, incluidos más de diez municipios nariñenses (Samaniego, Sandoná, Linares, Túquerres, el Tambo, Córdoba, etc., etc.). Visitó este departamento, en épocas aciagas de la violencia partidista. En Túquerres obsequió a sus seguidores unas hachas, símbolos de lucha. Hasta ahora existe un sector popular en un barrio con el nombre de los hacheros.

El mejor homenaje que se le puede tributar a Gaitán con motivo de otro aniversario del 9 de abril es el de reivindicar su pensamiento político, social y económico, ignorado deliberadamente por ciertos dirigentes tradicionales, interesados en imponer tesis neoliberales, para perpetuar los egoístas y oscuros intereses de una oligarquía que aún se cree propietaria de la historia y del destino de la patria.

DARÍO MARTÍNEZ BETANCOURT
*Exsenador de la República

Columnistas

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