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Daniel Samper Pizano

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Si viven afuera, son malos colombianos

Hace veinte años, un columnista de Semana que se hallaba exiliado en España escribió un artículo que desagradó a cierto empresario con aspiraciones políticas. A modo de respuesta, el empresario publicó una carta donde decía, más o menos, que despreciaba todo texto escrito sobre Colombia por un colombiano que hubiera decidido vivir lejos del país. Semejante tontería implica que repudia la carta de Jamaica, porque Bolívar la escribió exiliado en Kingston, y que no le merecen respeto Cien años de soledad, la poesía de Barba Jacob ni las novelas de Fernando Vallejo, Álvaro Mutis y Laura Restrepo que fueron escritas a considerable distancia de Facatativá.

La anécdota revela hasta qué punto podemos ser provincianos los habitantes de este torturado país. Aún hoy, cuando 4 millones de compatriotas viven fuera, los foros de Internet vomitan descalificaciones contra los residentes en el exterior. Algunos energúmenos proclaman que los emigrantes son menos colombianos que los demás, degradación que, supongo, abarca a García Márquez, Fernando Botero, César Rincón, Shakira, Juanes, Rodolfo Llinás, Iván Ramiro Córdoba, Sergio Cabrera, Angie Cepeda y otros "malos hijos" de Colombia que, curiosamente, ayudan a construir más allá de las fronteras la imagen positiva del país.

Pues bien: la ONU acaba de informar que, a pesar de los altibajos de las crisis, la migración de países pobres a países ricos seguirá aumentando y se sumarán muchos más a esos mil millones de personas que han dejado su rincón natal en busca de paz o mejores oportunidades laborales. La solución que propone la ONU es reducir las barreras que frenan el movimiento humano y mejorar el trato dispensado a los migrantes. Propósitos tan lógicos, sin embargo, no pasarán de ser hermosos consejos, a menos que los respalden políticas de gobierno y gestiones diplomáticas concertadas. Concretamente, mientras los países latinoamericanos no se unan para luchar en favor de sus nacionales en Europa, Estados Unidos y otros puntos, aquellos seguirán padeciendo ataques de los demagogos de turno y sufriendo discriminación de los gobiernos que, cuando les conviene, castigan su trabajo o su presencia.

Colombia aún no ha hecho la conversión de nación aislada, que recibía pocos extranjeros y exportaba pocos colombianos, a país móvil. Es hora de que afronte sus nuevas realidades. Que sepa que casi el 10 por ciento de su población vive en el exterior; que la mayoría de los que emigran no son obreros poco calificados, sino ciudadanos que cumplieron varios ciclos de educación; que en el 2008 el país recibió remesas por 4.841 millones de dólares; que tres de cada cuatro emigrantes estaban empleados cuando optaron por viajar; que todos conservan intensos vínculos sentimentales con el país, aunque muchos se ven forzados, incluso, a alistarse en el servicio militar en el extranjero (varios colombianos han muerto bajo la bandera de España).

Hace más de un siglo, miles de irlandeses emigraron a otras tierras y no debió de faltar el bobo que los tachó de antipatriotas. La semana pasada, un comité de ese país pidió a sus descendientes en todo el mundo que los ayuden a salir de la crisis. Colombia debe aprender la lección y adquirir conciencia de que es una nación esparcida por muchos territorios.

ESQUIRLAS. 1) Me parece un horrible ejemplo de discriminación que el entrenador del Deportes Quindío critique a un árbitro auxiliar porque no puede hablar con entera fluidez debido a un defecto congénito de paladar hendido (labio leporino). Es la manera más vil que he visto en el fútbol de justificar una derrota... y he visto muchas. 2) Frases encantadoras: "El Gobierno nunca pudo haber movido un dedo o una influencia para aprobar el referendo": Andrés Felipe Arias. "Si uno está acompañado de la verdad, nunca pierde": Juan Manuel Santos.

cambalache@mail.ddnet.es

Daniel Samper Pizano

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