"El hombre está elegido". Esta fue la pesimista y desoladora noticia que me dio un parlamentario liberal acerca del candidato a Procurador Alejandro Ordóñez, intransigente y anacrónico extremista religioso a quien una componenda política se propone encargar la protección de los derechos humanos de los colombianos y en quien confían muchos políticos y funcionarios sub iúdice para que les arregle el caminado.
Es entendible que un magistrado o un gobernante tengan convicciones religiosas y las ejerzan en privado. Lo inaceptable es que consideren que pesa sobre su alma el mandato divino de sembrarlas en la actividad pública, como lo ha hecho el pertinaz aspirante a tan delicado cargo. Son famosos sus actos de sectarismo confesional: perseguir libros, descolgar un retrato de Santander para entronizar un crucifijo, demandar a un periodista por una foto que ofendía su sensibilidad ultracatólica, considerar como modelo suyo al obispo comeliberales Ezequiel Moreno...
No digan después que nadie les advirtió.
Lo más increíble es que este personaje, que en otros tiempos habría merecido la oposición tajante de Uribe Uribe, Eduardo Santos, Gaitán o Luis Carlos Galán por sus tendencias inquisitoriales, seguramente será elegido ahora con los votos del liberalismo. Bien sabemos que es este un partido en liquidación, dedicado desde hace rato a traicionar las ideas que hicieron de él una colectividad patrocinadora de la libertad, el libre examen, el progreso. Convertido en abogado de las doctrinas capitalistas que acaban de derrumbarse con estrépito, el Partido Liberal perdió el camino de la solidaridad social. Ahora el ejercicio que se apresta a realizar, al elegir procurador a la antípoda de sus ideales, revela la ruina histórica en que se halla. El Partido Liberal votará por un Legionario de Cristo, un Difusor de la Fe, amparado en el vergonzoso argumento de que "el hombre ya está elegido" y es mejor encaramarse a su triunfo que entorpecerlo. Es decir, dimitirá de su herencia ideológica sin un quejido, sin la menor sombra de bochorno, sin reparar en lo que el pasado representa incluso para un partido corrompido por el clientelismo, tan solo para no arriesgar un puñado de puestos y asegurar el buen suceso de un número de expedientes. Todo indica que se sentará en la Procuraduría un fanático opositor de los derechos de los homosexuales y de las mujeres, purificador de pecadores.
Los colombianos deben saber quiénes lo llevan allí. Primero, el Consejo de Estado, que lo postuló para la terna de donde saldrá el sucesor de Edgardo Maya, quien ha sido en términos generales un buen Procurador; segundo, la incuria de la Corte Suprema de Justicia, que tardó eternidades en lanzar su candidato (el pastranista Camilo Gómez, sin duda mejor que Ordóñez); tercero, la ayuda que le han dado la bancada uribista y, con la mano izquierda, el Gobierno, interesados en que les corresponda con absoluciones; y, finalmente, el apoyo del director del Partido Liberal, César Gaviria, y una parte de los senadores hundidos en la penosa gimnasia pragmática de olvidar sus principios y obtener puestos y ventajas. Me niego a creer que pueda Ordóñez obtener votos en el Polo Democrático, pero habrá que esperar a la elección para saber quién es quién, y divulgarlo.
ESQUIRLAS- He leído cuanto se ha escrito a favor y en contra de los hijos del presidente Uribe. Tengo la sincera sensación de que se trata de dos muchachos contagiados por el espíritu emprendedor paisa, pero no veo irregular su conducta. Si hay pruebas de aprovechamiento indebido de su posición, deben plantearse con claridad. Considero injusto y peligroso salpicarlos en forma vaga. Injusto, porque tienen derecho al buen nombre. Peligroso, porque desvía temas de debate mucho más importantes -los falsos positivos, la elección de un Procurador inaceptable, las pirámides- y hace suponer a los ciudadanos que hay corrupción en la familia presidencial cuando, con toda franqueza, no se ha demostrado nada en tal sentido.
<< Anterior Artículo 63 de 87 Siguiente >>
Publicidad
COPYRIGHT © 2010 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.