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Daniel Samper Pizano

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El papá del roscograma

Llevan días el Gobierno, los magistrados y los congresistas lanzándose roscogramas a la cabeza. Se trata de ver cuál de ellos practica con más intensidad el nepotismo, el clientelismo y los favores personales con cargo al erario. La ocasión parece oportuna para recordar que los roscogramas tienen historia y tuvieron inspirador.

Hace 25 años, la Unidad Investigativa de EL TIEMPO, alertada por varios ciudadanos, se metió a averiguar la situación administrativa del departamento de Caldas y descubrió, con sorpresa que bordeaba la indignación e indignación que desembocaba en el asco, que dos jefes políticos, de partidos diferentes pero emparentados entre sí, controlaban todos los resortes oficiales.
Habían repartido entre amigos, familiares y lugartenientes las carteras, los institutos y la burocracia. Era tan intrincada la telaraña mediante la cual succionaban el presupuesto departamental, que la Unidad necesitó la ayuda de un dibujante para trazar el mapa de la repartija. Lo bautizamos roscograma (del latín roscus, círculo cerrado, y el griego gramma, dibujo) y aplicamos luego el mismo recurso gráfico para palpar la corrupción administrativa en otros departamentos.

Debió de producir algún impacto, porque ahora el propio Presidente de la República reverdece el término. Lo insólito es que la semana pasada, cuando la Registraduría recibió 5 millones de firmas que piden un tercer período de Uribe, descubrí que el papá de esa campaña, el político Luis Guillermo Giraldo, es el mismo papá del roscograma. Sólo puedo anotar, con consternación, que en el tiempo transcurrido desde aquellas denuncias, el roscogramista primigenio ha ampliado su círculo de acción al país entero. Lo que nos aguarda...

Metidos en el tema, convengamos que aquí el poder ha sido y es una sucesión de roscas entrelazadas que se sobrepisan, como los anillos olímpicos. Nos gobiernan roscas familiares, regionales, clientelistas y, en los últimos años, hasta religiosas. Este país padece una poderosa oligarquía (del griego, "el gobierno de unos pocos"), un roscón compuesto de roscas. Una manera de saberlo son los estudios socio-económicos. Otra es observar cuando las comadres se atizan roscogramazos. ¿Qué sensación puede quedarle al pueblo colombiano después de ver cómo se echan en cara su corrupción los unos a los otros? ¿Quién dijo meritocracia?
El propio Presidente confirmó con sinceridad, por ejemplo, que teníamos razón quienes denunciamos el descarado nepotismo en el servicio exterior, crítica que en su momento nos atrajo una lluvia de pestilentes adjetivos. Ahora, los adversarios han decidido hacerse pasito, como el dentista del chiste. Pero lo sano no es que alcancen un mutuo encubrimiento, sino que se investiguen a fondo las acusaciones lanzadas.

ESQUIRLAS. 1) Extrañaremos siempre a la querida Fanny Mikey. Ojalá hubiera podido ver el cariño popular que iluminó su parranda de despedida. Como propuso Carlos Muñoz, el legendario Teatro Nacional de la calle 71 -que se denominó antes Chile y Diana y es ícono de las viejas salas de barrio- merece llevar su nombre.

2) Otro artista colombiano acaba de morir en Milán: el tenor Rafael Ribero Silva, coprotagonista del cuento de García Márquez La santa.

3) Hace poco, el presidente Uribe acudió a la Exposición Equina de Medellín y sorprendió a todos al condecorar a la Asociación de Criadores de Caballos Criollos, que preside su hermano, con la Orden del Ministerio de Cultura. El pretexto para colgarles a los caballos de paso una medalla reservada a los artistas es que "todo aquello que construye un lacito, que une a un ciudadano con otro, es cultura". Prepárense, pues, a recibir su diploma las cajeras de supermercados, los controladores aéreos, TransMilenio, los vacunadores de gatos... en fin, cuantos "unen comunidad". (Me imagino a Fanny allá arriba diciendo risueña: "Espero que no me ensarte alguna condecoración póstuma el ministro de Agricultura y Ganadería").

* cambalache@mail.ddnet.es

 

Daniel Samper Pizano

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