Bombas, abusos, leones y esquirlas
Por: DANIEL SAMPER PIZANO |
Bomba. Según noticias de prensa, las Farc son autoras del atentado contra el exministro Fernando Londoño, que costó la vida a sus dos escoltas y la integridad a cerca de medio centenar de transeúntes. La bomba explotó en el norte de Bogotá, pero se escuchó en todo el territorio porque resucita las peores pesadillas que ha padecido el país. De repente salieron de sus tumbas los narcoterroristas muertos y de sus cárceles los asesinos que aún permanecían en ellas. Los colombianos sobreaguamos desde hace dos siglos en un mar de violencia. Pero, siendo condenable toda ella, hay formas peores que otras. La masacre, el atentado personal, la bomba en la calle, el secuestro y los falsos positivos son parte del catálogo más sangriento. A veces, los ciudadanos pensamos que ciertas formas abominables de lucha han sido superadas, pero la realidad se encarga de devolvernos al infierno.
Si con esta clase de atentados las Farc buscan forzar diálogos de paz, no podrían estar más equivocadas. El pueblo colombiano repudia la violencia, está harto de ella y ve cómo su espíritu siniestro ha envenenado muchos sectores nacionales.
Yo discrepo de casi todo lo que piensa en política el doctor Londoño: no me gustan su hoja de vida, su arrogancia ni su filosofía retardataria. Pero hay que controvertirlo con argumentos y actitudes, no con violencia. El atentado contra él me parece totalmente censurable, como lo sería contra cualquier otro ciudadano. O ciudadana, para que Piedad Córdoba esté segura de que la incluyo a ella, víctimas de espeluznantes amenazas.
Abusos. Y ya que estoy discrepando, diré que también discrepo de mi viejo amigo y respetado colega Darío Arizmendi, quien cedió los micrófonos que él ha aprestigiado con su carrera para que un criminal confeso, el jefe paramilitar Salvatore Mancuso, se dedicara a atacar al expresidente Álvaro Uribe.
He expresado muchas veces mi rechazo al recurso periodístico de encumbrar a delincuentes a las mejores horas y espacios de radio, televisión y prensa, para que desde allí abusen a su libre arbitrio. Muchas de estas penosas "exclusivas" son ecos de pactos entre abogados defensores y fiscales para conseguir rebajas a sus clientes a cambio de incriminaciones gratuitas que suelen contradecir anteriores "confesiones" del delincuente. De esto modo, los criminales reciben trato de estrellas y gozan de una atribución que cualquier editor serio le negaría a un reportero suyo: publicar toda suerte de barbaridades sin pruebas y permitir que sus mentiras adquieran un inaceptable tinte de verdad por el mero hecho de que se profieren en escenario privilegiado.
Con el doctor Uribe me ocurre lo que con Londoño: no es santo de mi devoción y temo más a su regreso al poder que al calentamiento global. Pero considero injusto y peligroso ceder el protagonismo a quien no lo merece y abusa de él. Si Mancuso tiene denuncias que hacer, que busque un juez y lleve pruebas.
Leones y corderos. Dicen que la Biblia dice: "El león y el cordero dormirán juntos". Y agrega Woody Allen: "Pero el cordero pasará mala noche". La metáfora describe el TLC entre Estados Unidos, un león que nos inundará con sus sobras, y un débil cordero cuyos flancos quedan expuestos a las garras del compañero de siesta.
Resulta significativo que el lunes 14, primer día del tratado, Colombia enviara a Estados Unidos un cargamento de flores, producto que llevamos muchos años exportando; en cambio, nos llegarán del norte carne y pedazos de pollo que quebrarán nuestra industria, y motocicletas que contaminarán aún más las calles y carreteras. Algunos compatriotas se beneficiarán, cómo no, y varios se volverán multimillonarios. Pero el cordero nacional a lo mejor no amanece.
Esquirla. El jueves, mientras la ONU defendía los derechos de los homosexuales, el peor violador de esos derechos en Colombia, el procurador Alejandro Ordóñez, gestionaba su reelección. ¿Nos esperan cuatro años más de extremismo?
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