'La mujer del Animal', una patada en el estómago

'La mujer del Animal', una patada en el estómago

Víctor Gaviria regresa con un filme visceral y sin concesiones. Causará incomodidad y hasta asfixia.

10 de marzo 2017 , 10:58 a.m.

Desde ‘La pasión de Cristo’ de Mel Gibson no sufría tanto mientras golpeaban a un humano. Y lo de ‘La pasión’ no por convicciones religiosas, más que nada por el efecto de una serie de escenas en las cuales muelen a golpes al aspirante a redentor mientras todos los demás simplemente observan.

El 9 de marzo llega a todas las salas de cine del país ‘La mujer del Animal’, basada en una historia de la vida real y recreada en la Medellín de los años 70. En la Medellín anterior a las épocas del narcotráfico que Víctor Gaviria retrató en sus anteriores cintas, ‘Rodrigo D. no futuro’, ‘La vendedora de rosas’ y ‘Sumas y restas’, pero en la que ya existía una violencia enquistada en un sector de la población urbana, que a su vez le venía huyendo a la violencia del campo.

Una joven mujer, casi una niña, que se escapa de un internado de monjas a las afueras de la ciudad y evitando que su papá le dé una pela de aquellas que en su familia son tan conocidas como temidas, cae en las garras de un victimario peor y quien en adelante la obligará a ser su mujer y sin importar que para lograrlo le toque desfigurarla a golpes. A grandes rasgos de eso se trata la nueva película del realizador colombiano, quien justo regresa en un momento en que el cine, por lo menos del que más se habla, suena a musical romántico.

Visceral, sin concesiones y tan fuerte incluso para una obra de Gaviria, de cuya mano hemos recorrido los sinsabores y sueños de pegante de uso industrial de los que no han tenido otra teta para mamar que la de la violencia; o también el drama de la clase media que en algún momento creyó que podía ponerse a la altura de esa clase baja que emergió a punta de coronar kilos de coca y no temerle a nadie.

Más de diez años que no veíamos un nuevo filme con su firma, y aunque era claro que el director no iba a regresar con una pieza menor, tampoco se esperaba que lo hiciera con la película que, entre su filmografía, quizás es la menos complaciente con la fábula o la ficción del entorno o el universo en el cual suceden las acciones. ‘La vendedora de rosas’ es cruda, los niños alucinan con sus seres queridos muertos o le disparan al matón del barrio mientras de fondo suenan la pólvora y el aceite hirviendo de los buñuelos navideños, pero en todo caso hay una poesía y una ensoñación, así estas sean como estar ‘engalochado’.

En ‘La mujer del Animal’ en cambio no. No hay una mala traba y todo sucede de una forma tan escueta y trepidante que es imposible no llegar a sentirse nauseabundo o asfixiado en algún momento. Y no solo porque estamos viendo cómo ese personaje al que llaman el ‘Animal’ patea a su mujer y la arrastra mientras nadie se opone o dice algo, sino porque nos recuerda que esa también fue la base sobre la cual en este país se estableció quiénes eran los débiles y quiénes los héroes, y que para que se haga justicia, muchas veces hemos debido esperar a que otra violencia en ciernes y desquiciada se apiade de las víctimas.

CHUCKY GARCÍA@chuckygarcía

Columnistas

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