El estresado macho alfa
Por: CECILIA RODRÍGUEZ | 6:47 p.m. | 27 de Agosto del 2011
Robert Sapolski es un antropólogo, neurólogo, endocrinólogo y autor reconocido por sus investigaciones sobre la relación entre estrés y degeneración hormonal en primates, incluyendo la especie humana. Por décadas, él pasa parte del año estudiando una tropa de babuinos en África, enfocado sobre todo en el macho alfa y sus subalternos. Entre las fascinantes anécdotas que describe en sus libros (Memorias de un primate, El problema con testosterona) hay una a propósito del tema de esta columna:
El macho alfa, con todo su poder sobre los otros machos y con todas las hembras a su disposición, es quien goza de las mayores ventajas. Pero esa es solo la apariencia. Sujeto de ataques y envidias, permanentemente alerta para controlar a las hembras, protagonista de muchas peleas mortales por supremacía, el macho alfa presenta más altos niveles de estrés que los otros y por ende serios problemas de salud, mayor vulnerabilidad a enfermedades y menor expectativa de larga vida. Sapolski comprobó que mientras el macho alfa está ocupado en batallas por el poder, otros simios menos agresivos, más atentos y colaboradores con las hembras son los papás de buen número de los bebés de la tropa.
Recordé a Sapolski porque, según un nuevo estudio por parte de biólogos evolucionistas de la Universidad de Princeton que analizaron babuinos en Kenia por nueve años, ser el # 2 o "macho beta" no es tan mala posición. Su análisis muestra que defenderse de desafios y vigilar el acceso a las hembras fértiles comporta altos niveles de tensión para el alfa o # 1. Los simios beta pelean menos y aunque tienen menos apareamientos siempre encuentran oportunidades. Cuando el alfa está ocupado en una nueva riña, ¿quién acompaña a las hembras a casa?
Crónicos niveles elevados de estrés en humanos incrementan los riesgos de enfermedades o empeoran las ya existentes. Eso no significa que los descubrimientos sobre los babuinos se apliquen necesariamente a los problemas de salud de nuestros presidentes y demás líderes, estereotipo del macho alfa en nuestras sociedades. Los simios, en anatomía, genética y conducta son más parecidos a los humanos que a cualquier otro animal.
El debate sobre machos alfa y beta es de larga data. No solo entre antropólogos y especialistas en primates sino entre sociólogos. Generalmente los héroes son alfa: dominante, agresivo, fuerte o socialmente poderoso, en control de sus emociones y de otras personas. El carácter beta es menos capaz, con tendencia a cometer errores y sin el espíritu necesario para tener éxito. Tímido y querido, sobrevive por suerte o gracias a la ayuda de la mamá, la esposa, la novia o un amigo alfa.
Curiosamente mis amigas feministas coinciden con los expertos en simios.
Numerosos estudios en diferentes culturas muestran que mujeres con alto coeficiente intelectual (IQ) tienen menos posibilidades de encontrar marido que hombres inteligentes de encontrar esposas. En números, la cosa es más o menos así: por cada 16 puntos más de IQ en una mujer las perspectivas de matrimonio bajan 40%, mientras que en los hombres suben 36%.
Con la ascendencia de nuevas generaciones de mujeres más educadas que sus contemporáneos hombres, profesionales, seguras, ocupando cada vez más altos cargos, el futuro se vería lleno de solteronas inteligentes. Es por eso que muchas mujeres alfa de nuestros días han encontrado una solución a la paradoja del macho alfa y beta. Ellas no necesitan al alfa para mantenerlas o comprarles la casa o el auto de sus sueños porque ellas pueden subir al tope de sus carreras y costeárselos por sí mismas. Lo que necesitan es un hombre cariñoso y comprensivo que no demande tanta atención, no necesite competir con ella, no viva estresado y esté dispuesto a compartir los quehaceres domésticos y la crianza de los hijos.
A los machos alfa que leen esta columna les recuerdo que estamos hablando de simios y estereotipos en general.
LUXEMBURGO.
Otras noticias hoy





