Costos de un fracaso

Costos de un fracaso

Más le vale a Cormagdalena empezar a reconocer todos los errores de este proyecto.

08 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Cuando se diseña un gran proyecto con recursos del Estado y se contrata su ejecución con una empresa, y el Gobierno declara la liquidación de esta por malos manejos, la responsabilidad del fracaso empieza por quien delineó la obra y quien asignó esta responsabilidad a la empresa cuestionada. Tratar de zafarse de ese problema es parte de esa parodia nacional en la que nadie tiene la culpa de nada. Esta es la situación de los directivos de Cormagdalena con el contrato de Navelena para recuperar la navegabilidad del río Magdalena, un asunto crítico por tratarse del río más importante que atraviesa el país y, por consiguiente, incide claramente en la vida de amplios sectores de población.

Primero, quien elaboró los términos de referencia para la licitación que se ganó Navelena, que además se asoció con Odebrecht, fue Cormagdalena, y eso significó tiempo, trabajo y costos de la entidad. Segundo, lo hicieron mal, como se les dijo en todas las formas a funcionarios de esa corporación en varias discusiones muy serias del Foro Nacional Ambiental. Tercero, la profunda insatisfacción de académicos, investigadores, ingenieros y ambientalistas fue desestimada por la corporación. Y cuarto, se les dijo a muchos miembros de sus directivas que ese proyecto no era transparente e implicaba grandes riesgos ambientales y sociales.

Textualmente se afirmó: “Este proyecto solo ve el Magdalena como una vía de transporte de bajo costo y la cuenca del Magdalena es mucho más compleja”. En ese foro, Manuel Rodríguez les llamó la atención sobre los 50.000 pescadores ribereños y la necesidad de considerar los impactos sociales, de tener en cuenta el efecto sobre el cambio climático y la realidad de que el río presta grandes servicios ambientales. Tal vez uno de los asuntos más reiterados fue el desconocimiento en el mencionado proyecto de que el Magdalena produce siete veces más sedimentación que cualquier otro río de su dimensión. Pero, como algo muy grave, se insistió en que este proyecto no tenía diseños. Todo esto es responsabilidad, en primer lugar, de Cormagdalena y sus directivos.

¿Se puede decir entonces que, ante este fracaso, Cormagdalena y quienes la dirigían no tienen ninguna responsabilidad y no deben rendirle cuentas a nadie?

En uno de estos foros, Margarita Marino, con larga trayectoria en temas ambientales, describió muy bien la verdadera naturaleza del problema: más que un proyecto, esto es simplemente un contrato que favorece el transporte de carbón y petróleo, no de personas, y que desecha todo lo demás. ¿Se puede decir entonces que, ante este fracaso, Cormagdalena y quienes la dirigían no tienen ninguna responsabilidad y no deben rendirle cuentas a nadie?

Como cada vez que se toca esta materia los exgerentes de Cormagdalena reviran, es necesario recordarles que no solo hicieron un mal proyecto, sino que pecaron por no tener el criterio necesario para hacer una adjudicación correcta. Pero la verdad es que en sus manos nació este fracaso que significa la pérdida de lo más preciado: el tiempo. Ahora toca iniciar de cero, y más le vale a Cormagdalena empezar a reconocer todos los errores de ese proyecto desde su misma concepción.

Es bueno también recordarles que este proyecto, o mejor, contrato, se suponía que duraría 13,5 años y hoy, a valor presente, supera los 3 billones de pesos. Es decir, no se trata de un tema menor en el cual los involucrados en este fracaso se lavan las manos. El problema radica en que si Cormagdalena no acepta los errores que cometió, el próximo proyecto va a tener las mismas falencias, independientemente de quién se gane la licitación. No se trata solo de mejorarles el negocio al carbón y el petróleo, que sin duda es importante, pero si esto se logra generando crisis sociales en las poblaciones ribereñas y efectos ambientales negativos, el costo no solo será financiero sino de grandes implicaciones para el desarrollo nacional. Y esto sin analizar el papel de Odebrecht en el asunto.

CECILIA LÓPEZ MONTAÑO
- www.cecilialopez.com

Columnistas

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