El Sí de hoy salva vidas

El Sí de hoy salva vidas

Mi voto es para que no haya más niños sufriendo por la guerra, ni muertos, secuestros o desplazados.

02 de octubre 2016 , 03:30 p.m.

El 4 de junio de 1978, hace 38 años, deposité mi primer voto para una elección presidencial. Día memorable, porque ejercí un derecho ciudadano que nadie me podía arrebatar. Una decisión, por fin, mía. A partir de esa fecha he asistido a las urnas en todas las elecciones, sin faltar a una.

No siempre elegí lo mejor, pero votar me dio la autoridad para pronunciarme, criticar y hasta lamentarme. Voté por el candidato del Partido Liberal, voté en contra de un candidato, voté “porque si no es este, ¿quién?”, luego voté por un partido diferente a los del Frente Nacional; en fin: voté por alguien que más o menos me pudiera representar.

Todos los candidatos por quienes voté llegaron al poder, salvo uno. Todos, salvo uno, intentaron hacer la paz. Unos triunfaron, otros fracasaron. A todos quienes lo intentaron: ¡gracias!

Hoy, 2 de octubre del 2016, vuelvo a las urnas a votar, pero hoy mi voto es diferente. Es histórico. No es un voto cualquiera. No es para que alguien ejerza el poder por mí. Esta vez mi voto, en sí mismo, me confiere el poder para salvar vidas, para que no haya más niños sufriendo por la guerra, ni más muertos, ni secuestros, ni desplazados ni soldados mutilados.

Esta vez voto para que los campesinos vuelvan a sus tierras, para que haya más empleo, más inversión, más educación; para que Colombia, finalmente, sea un país tranquilo para nuestros niños y jóvenes.

Mi voto no es un voto cualquiera. Con mi voto protejo los derechos de las víctimas a la verdad, a la reparación y, sobre todo, a la no repetición. Con mi voto por el Sí, las víctimas se levantarán mañana, lunes 3 de octubre, respirando la tranquilidad que les fue arrebatada por 52 años.

Mi voto no es un voto cualquiera. Es un voto para los pobladores de municipios como Uribe, en el Meta; Toribío o Bolívar, en el Cauca; de San Vicente del Caguán, en el Caquetá; de Bojayá, en el Chocó; de los Montes de María y de cientos de municipios en todo el país. Es un voto que les permitirá despertar cada día sin el sonido de la guerra. Es un voto que les devolverá la tranquilidad, y podrán vivir sin el temor de perder a sus hijos.

En este proceso de paz, las víctimas han sido mi inspiración. Su voz nos invita a que el voto sea desprovisto de cálculos políticos. El perdón, el amor, la unión como colombianos no pueden ser objeto de un debate con fines politiqueros.

Es un privilegio estar viva y llevar en mi conciencia, hasta el día de mi muerte, que deposité un voto para salvar vidas. No lo olvidaré jamás. Esta puede ser mi última oportunidad de poner fin a esta guerra. El Sí significa pararla YA. El No, en cambio, nos llevará posiblemente a muchos otros años de guerra. Y nuestros niños y jóvenes se preguntarán: ¿por qué nuestros mayores, al tener la oportunidad de cambiar el rumbo y dejarnos un país tranquilo, no lo hicieron? Para entonces, los arrepentimientos serán tardíos.

Por todos estos jóvenes y niños, mi voto es por el Sí. Dormiré tranquila y cuando muera y me reúna con mis padres, podré mirarlos a la cara, sonreírles, y ellos se sentirán orgullosos de su hija.

Mi trino de hoy: Sí, sí y mil veces sí. Por las víctimas, por los niños, por mí, por ti. Sí. ¡Cesó la horrible noche!

CECILIA ÁLVAREZ CORREA

Columnistas

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