El blanco de los supremacistas

El blanco de los supremacistas

Esos movimientos extremistas están vivitos y coleando. Con más ínfulas, con más ferocidad.

27 de agosto 2017 , 12:35 a.m.

La Declaración de Independencia de Estados Unidos, proclamada el 4 de julio de 1776, cambió el rumbo de la historia cuando en su preámbulo afirmó que “todos los hombres son creados iguales”. No obstante, para que esta manifestación lograra materializarse tendría que pasar por una guerra civil que cobró la vida de más de 700.000 personas; un presidente asesinado (Abraham Lincoln), así como grandes líderes que marcaron la historia del mundo entero, como es el caso de Martin Luther King.

Gracias a su sacrificio, la humanidad pareció despertar de la pesadilla que pretendía establecer a algunos como superiores a otros por su color de piel, su país de origen, su creencia religiosa, su género o su orientación sexual. Tristemente, hoy vemos que su sangre derramada no parece haber sido suficiente.

Con un pánico inconmensurable presenciamos hace unos días el lamentable espectáculo de Charlottesville, en el estado de Virginia, en cuyas calles desfilaron el odio y el falso orgullo de aquellos que invocan la “supremacía blanca”, dejando tres víctimas mortales y decenas de heridos.

Pocos días después pudimos ver al aire la entrevista de la valiente periodista colombiana Ilia Calderón a uno de los líderes del Ku Klux Klan. La profunda admiración que me generó la comunicadora vino acompañada del más paralizante de los sentimientos: el miedo. Sentí terror al confirmar cómo los avances de la humanidad se pueden perder en minutos.

Ilia, como la mejor de las reporteras, fue capaz de confrontar a estos extremistas sin amilanarse. Mientras ellos la amenazaban de muerte, Ilia, con firmeza, contrastaba las mentiras de los radicales y revelaba el absurdo de ese discurso cargado de discriminación y violencia. El riesgo que asumió perseguía un bien superior, por el cual valía la pena arriesgarse y someterse a ese trato injusto: la igualdad.

Esta sucesión de hechos, así como la respuesta de algunos líderes políticos, nos demuestra que la igualdad está en jaque. Esos movimientos extremistas, que se pensaron desaparecidos de la faz de la Tierra por su violencia y absurda ideología, están vivitos y coleando. Con más ínfulas, con más ferocidad y con nuevos adeptos. Los motiva, sobre todo, el odio a lo diferente. Esta emoción ha liderado las más grandes catástrofes de la humanidad y hoy vuelve a posicionarse en las mentes de muchos.

Esa corriente también ha encontrado terreno fértil en nuestro país. Las actitudes violentas de palabra y de acción de nuestros líderes así lo evidencian. Los extremismos que parecían olvidados están en el centro del debate y son aplaudidos por muchos. Se prefieren los fanáticos que no piensan a los ciudadanos que exigen sus derechos y libertades. En Colombia, la igualdad también está en peligro porque algunos consideran que esta es un peligro. Creen que hemos avanzado mucho en derechos y que ya es suficiente.

Mandela lo dijo y Obama lo recordó al mundo con el trino con más ‘likes’ (4 millones) en la historia de las redes: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar; y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar; el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”.

CECILIA ÁLVAREZ CORREA

Columnistas

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