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El juego de la verdad

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Creo que la primera vez que supe del juego de la verdad fue en la película de Chabrol Los primos. No me acuerdo con certeza, no sé si fue así, y no importa saberlo, porque verdad y mentira se entrelazan en el pasado y en el presente y lo que hoy es verdad será mentira mañana o al revés. Lo importante es el juego, y parece que jugar es lo único importante que hoy queda.

Paradójicamente, en el juego de la verdad, se trata de engañar. Los participantes cuentan dos versiones de un mismo hecho. Una es cierta y la otra es falsa. El ganador es aquel que logra que los demás participantes queden convencidos de que la historia mentirosa es la cierta. Se trata de confundir a sus amigos, a sus compañeros o a la audiencia en general. ¿No le parece a usted que esto es lo que diariamente se practica en Colombia?

Sí. No me refiero a las bellas teorías de la plástica y la literatura, en la cual se mezclan la ficción y la realidad. No es el hiperrealismo. No es el ingenuo trompe-l'oeil o trampantojo, específico de las técnicas de la pintura o del cine, que nos hacen ver lo que no es. Esos son engaños simpáticos, que acuden al humor. Sin dañar a nadie, nos hacen ver puertas o edificios donde no los hay. Esos engaños están hechos para que nos demos cuenta de ellos. Nos "han engañado el ojo", pero no pueden trampear para siempre con nuestra mente.

No. En nuestra sociedad y en la esfera política, el engaño quiere ser permanente y hacernos actuar de manera equivocada, basados en una realidad que no es. El trampantojo social y global es la forma normal de comportamiento, de estrategia y de difusión de las ideas y propósitos. Todos juegan a la verdad, nos dicen las cosas para que las creamos, cuando la verdad es otra. Y ese no es un simulacro de humor. Es un engaño premeditado, consciente y reiterativo. No es un trompe-l'oeil inocente ni desinteresado; por el contrario, está hecho para inducirnos al error de manera que podamos ser controlados, manipulados y explotados en favor del mentiroso, que posa de ángel transparente y puro, portador de la verdad.

Trate de pensar en lo que ha ocurrido recientemente. La más grave, la engañifa de la reforma de la justicia: nadie supo, nadie leyó, todos defendieron lo contrario, engañaron al Gobierno, el Gobierno engañó a los parlamentarios... Otra: no sabemos si el 'vice' Garzón está muy enfermo, poco enfermo o "divinamente"; si apoya la constituyente o la rechaza; si está con Uribe o está con Santos; si está ejerciendo sus funciones o no las está ejerciendo; no sabemos de qué lado está. Más aún, ignoramos qué funciones tiene un vicepresidente.

En reciente intervención de De la Calle, nos hizo saber que era malo que un vicepresidente actuara como opositor y que Garzón se equivocaría gravemente si lo hiciera. Bonitas palabras de quien hizo precisamente eso cuando fue vicepresidente. Si Garzón hace eso, dijo De la Calle, estaría acabado políticamente. Cada uno maneja "sus" verdades a su acomodo y para inducirnos al error. Otro ejemplillo es el "huevito bien fecundado" de la seguridad que, según Uribe, le dejó a Santos para que lo cuidara. Varios analistas dicen que el huevito estaba podrido y no era tan sano como se decía. Santos se quejó públicamente, a lo Uribe, de que su ministro de Comunicaciones no difundía la bondad de los programas de gobierno. No es su función, pero, en fin, es el juego de la verdad.

Los ejemplos son fáciles de encontrar al mirar alrededor. Haga usted el ejercicio de reconocer las mentiras que le han dicho como si fueran verdades. Piense usted en cuál ha sido el peor engaño político que ha sufrido. Hágalo saber. Hagamos el concurso 'El peor trampantojo político'. Cuéntenos cuál ha sido su peor desilusión en quedijera@hotmail.com. Espero no haberlo engañado.

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