Confianza en Colombia

Confianza en Colombia

Deberíamos disminuir las quejas y el descontento y aumentar el trabajo constructivo.

01 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Hace pocos días asistí a Missache, el nombre de la cartera de celebración del cuadragésimo aniversario de la firma Mario Hernández. En una sobria ceremonia, con una nutrida asistencia, que incluyó al presidente Juan Manuel Santos y su esposa y al presidente electo, Iván Duque Márquez, Mario Hernández, el desatacado marroquinero, hizo un breve recuento de la consolidación de su firma, creada después de que la violencia fratricida del medio siglo pasado lo hizo abandonar Capitanejo, su lugar de nacimiento.

En sus palabras señaló acertadamente, como puntos centrales, la inmensa importancia y significado del acuerdo de paz y su optimismo en las grandes posibilidades del futuro de una Colombia pacífica. Con gran claridad, mencionó que deberíamos disminuir las quejas y el descontento y aumentar el trabajo constructivo. Evidentemente, una forma muy sencilla y práctica de construir país.

Ese mensaje sobre el futuro de Colombia es muy pertinente y oportuno en estos momentos, en los cuales gran parte de nuestra población está excesivamente polarizada y escéptica. El reciente proceso electoral tuvo, en múltiples oportunidades, una excesiva pugnacidad, indudablemente perjudicial para el diálogo sobre los diversos problemas del país, que dejó negativas secuelas. Algunos colombianos no han querido aceptar que había conflicto y, por lo tanto, tienen dificultades para reconocer la importancia del proceso de paz. Sin embargo, para muchos no hay duda de que representa la posibilidad de vivir en un país diferente, después de más de cincuenta años de violencia.

Ese mensaje sobre el futuro de Colombia es muy pertinente y oportuno en estos momentos, en los cuales gran parte de nuestra población está excesivamente polarizada y escéptica.

En reciente artículo de Sergio Jaramillo, 'La posibilidad de la paz', publicado en EL TIEMPO, señaló él con gran claridad diez pasos que, en su concepto, permitieron cambiar la lógica de la confrontación por la lógica de la cooperación. Entre ellos están la efectiva participación internacional, la conformación de un equipo negociador con credibilidad, la búsqueda de soluciones que terminaran el conflicto y evitaran que reviviera, la consideración de las víctimas como centro del conflicto, el establecimiento de garantías para el desarme y la creación de un modelo de participación.

En esta forma cuidadosamente planeada, después de difíciles conversaciones en un principio secretas, iniciadas en febrero de 2012, se firmó el Acuerdo Final en noviembre de 2017. Ardua tarea, por la cual debemos estar muy agradecidos con el gobierno del presidente Santos y especialmente con el dedicado equipo negociador.

La gran importancia del acuerdo de paz ha sido indudablemente más reconocida internacional que nacionalmente y ha contribuido sustancialmente a mejorar la imagen de Colombia en el mundo. Es evidente que tenemos muchos retos y que el acuerdo de paz no es ni puede ser perfecto; no se debe olvidar que es un acuerdo. Indudablemente, constituye un importante punto de partida para cambiar las causas que originaron el conflicto y emprender la reconstrucción de Colombia.

Los retos son mayores e incluyen elementos particularmente preocupantes y urgentes, como la inequidad, especialmente en las zonas rurales; la corrupción y el narcotráfico. Independientemente de nuestras posiciones políticas, es esencial deponer, al menos temporalmente, las diferencias que nos separan para desarrollar soluciones efectivas. Debemos dar una oportunidad al nuevo gobierno con el fin de que presente su programa de acción, lo discutamos y encontremos constructivamente las mejores soluciones posibles.

Colombia necesita más colombianos como Mario Hernández, laboriosos, emprendedores, con fe en el país y gran conciencia social, para que nuestros herederos puedan vivir en un país más grato, más equitativo y que sea parte efectiva del mundo desarrollado. Con este objetivo, es fundamental tener, como los navegantes, buen viento y buena mar, que los debemos aportar los colombianos.

CARLOS ANGULO GALVIS

Columnistas

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