Las posverdades de la crisis lechera

Las posverdades de la crisis lechera

La explicación de la crisis va desde el mercado global hasta la microeconomía del sector lechero.

04 de julio 2017 , 02:09 a.m.

La opinión se conmovió porque el empresario lechero santandereano Alejandro Galvis, de El Madrigal, hato con instalaciones industriales, derramó 43.000 litros a comienzos de junio. De inmediato vino la réplica oficial condenando este hecho, que resulta insólito en un país con millones de niños desnutridos.

Sin embargo, las declaraciones de Galvis permitieron enfocar el hecho más allá de un acto despiadado. “Hace seis días me llamó la industria a decirme que no me compraba más leche… se acidifica y no es apta para el consumo humano”, además de que ‒al contrario de lo dicho en febrero‒ en vez de subir el precio al productor 7 por ciento se rebajó en 10 por ciento.

Los voceros tanto de la industria procesadora, que tiene características de oligopolio, como los oficiales del Ministerio manifestaron que hay sobreoferta por causa del invierno, típica ‘enlechada’, y por el paro del Magisterio que restringió el consumo escolar. No obstante, esta posverdad simplona exige explicaciones mayores que abarcan desde el mercado lácteo global hasta la microeconomía estructural del sector lechero colombiano.

En el mercado mundial, el precio de la leche en polvo, el marcador más reconocido, venía descendiendo desde mediados del 2013, de 5.300 dólares/tonelada a 1.500 en agosto del 2015. A partir de ahí se recuperó, pero apenas alcanzó los 3.500 dólares en junio del 2017 y hoy está entre 3.000 y 3.200. En el hemisferio occidental, en el procesamiento industrial, hay posiciones dominantes de grandes compañías como Nestlé, Danone, Fonterra, DPA y Lactalis, entre las más relevantes, y varias de ellas cuentan con presencia creciente en Colombia.

Las grandes áreas productoras occidentales, Estados Unidos y la Unión Europea, reportan constantemente excedentes, los cuales, gracias a los TLC, exportan a sus socios, exportaciones que tienen la trazabilidad de las subvenciones que allá reciben. La línea base de subsidios que fijó la ley agrícola norteamericana para programas lácteos en el 2017 contempla desembolsos por 171 millones de dólares, un monto que si se divide por 9.294 millones de cabezas que tiene su hato, daría como resultado una ayuda de más de 18 dólares por cabeza. Para el 2016, la Unión Europea repartió 168 millones de dólares entre 52.101 granjeros ‒que se comprometieron a reducir la producción de leche‒, 16 dólares por cada 100 kilogramos menos, y entregó 392 millones más a 27 países para programas de apoyo. En total fueron 560 millones.

Precisamente, de estos dos orígenes provienen el 80 por ciento de las importaciones de Colombia, las cuales en el 2016 sumaron 58.000 toneladas, la mayor parte de leche en polvo, entera y descremada, y lactosuero, seco y dulce, aunque también mantequilla, quesos y hasta leche líquida. Una cuenta gruesa al sumar el total de lácteos comprados puede equivaler a casi toda la producción nacional mensual, 500 millones de litros, y a dos veces el líquido destinado estrictamente al procesamiento industrial, ya que un 50 por ciento va para el consumo de leche cruda. Si esto se liga con la febril actividad comercial internacional de las principales transnacionales en Colombia, la verdad es que ‒más que importaciones‒ se trata de comercio intrafirma, de matrices a filiales, sustituyendo producto autóctono.

Al contrario de las promesas sobre los TLC, otra posverdad, las exportaciones cayeron de 15.545 toneladas en el 2012 a 800 en el 2016: la pérdida de Venezuela no se compensó con los seis tratados con capítulo lácteo firmados en los últimos años.

Respecto al precio, aunque Asoleche dice que se remunera con base en la calidad, incluyendo incentivos, el máximo lo establece la división matemática del precio internacional de la leche en polvo, hoy a 3.022 dólares/tonelada, por 8.000 litros, el equivalente en leche líquida, de lo cual hoy resulta a 0,37 dólares/litro, es decir a $ 1.133, y de ahí para abajo. La verdad es que la cotización mundial incide en el precio techo al productor, el que además creció menos que el cobrado al consumidor final. Dicho mecanismo, conjugado con las importaciones en tanto avancen los TLC, tendrá paulatinamente mayor fuerza.

En un texto escrito en el 2010, para Recalca, pronostiqué que en el 2015, por los TLC, llegarían 389 millones de litros, y acerté. Y la suma seguirá creciendo, para lo cual no servirá el acuerdo n.° 09 del 2017 del Fondo de Estabilización, que entrega los recursos de ayuda a las empresas industriales para almacenamiento, no a 450.000 ganaderos criollos, la mitad con menos de diez reses y cinco litros diarios. ¡Esa sí, la mayor de todas las posverdades lecheras!

AURELIO SUÁREZ MONTOYA

Columnistas

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