Verdad y emoción

Verdad y emoción

¿Por qué nos fascinan los crímenes atroces? ¿Cuáles son sus relaciones con los medios? Sin duda, van pegaditos.

23 de diciembre 2016 , 05:54 p.m.

Al fin descubren las investigaciones sociales la emoción. Al pensar el mundo desde la razón lógica se deja por fuera lo que no entra en la comprobación empírica, el modelo o el silogismo. Sin embargo, en un mundo cada vez más afectado por impulsos, donde se toman decisiones por gustos, se compra lo que no se necesita o donde la belleza, el monstruo o lo extraño fascinan y dominan la percepción, las pasiones se vuelven tema de interés para tratar de entender aquello donde la razón escasea.

Pruebas de la derrota del cálculo de la razón abundan cerca. Tanto en USA como en Colombia las encuestadoras fallaron; al preguntar la prensa el motivo de su fracaso a una de las empresas de estadística por muestreo respondió oronda: “fallamos porque nosotros no medimos (no nos corresponde...) las emociones”. Pues, caballero, va la más elemental sugerencia: estúdienlas y en la próxima cuéntenos más en verdad. ¿Cómo no admitir que el plebiscito en Colombia era un asunto emocional? A quien se le ocurre que cuando se votaba frente a las Farc no aparecían recuerdos, rabias, venganzas... Hoy, los medios masivos, no las redes, sobreviven por dos géneros, el deporte y el escándalo, y con un toque sexual su éxito aumenta.

¿Por qué nos fascinan los crímenes atroces? ¿Cuáles son sus relaciones con los medios? Sin duda, van pegaditos. Imagínense el menú de fin de año: un avión sin gasolina se cae; secuestro, violación y asesinato de una niña indígena por un criminal rico e inmundo, asesinan ante las cámaras a un embajador. Aquello de lo que se ocupaba la literatura y el cine de terror ahora lo hace la televisión, y bien hecho, con evidencias de total realismo.

Pero no es cierto, como algunos exclaman, que solo ahora entramos a un tiempo de ‘pos-verdad’. Ya desde la obra de Kant (1781) se nos advierte que el mundo no solo se percibe desde juicios lógicos (verdaderos), sino que el pensamiento también es sensibilidad, los juicios del gusto, como suspirar y decir “María es bella” o gritar “castren al asesino”. No es lo uno o lo otro, razón o estética, es que se piensa desde los sentimientos cuando ellos dominan lo perceptible. Y si los afectos no se admiten, estamos condenados a ver el mundo desde una cuadrícula racional que traiciona. Un ejemplo: estar enamorado no es un juicio lógico, es una emoción estética. Y se siente.


Armando Silva

ciudadesimaginadas@gmail.com

Columnistas

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