Refugiados y turistas

Refugiados y turistas

En las imágenes que ofrece el país en el exterior no se destacan las condiciones de su vida urbana.

09 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Llegan nuevos habitantes a Colombia. Refugiados y turistas tienen en común que llegan a mezclarse con sus pobladores y ambos fenómenos abundan por estos días en el país. Asistí al plebiscito de la oposición venezolana en la plaza de Bolívar, donde, como signo curioso, ondeaban al mismo tiempo las banderas de las dos naciones, y quedé asombrado ante el número de votantes.

Los tres sitios de votación arrojaron alrededor de 60.000, por lo que al multiplicar por tres, para cubrir menores y abstenciones, se puede colegir que en Bogotá se puede llegar a los 200.000, el tamaño de una ciudad intermedia: en toda Colombia podrían superarse los 700.000. La llegada casi instantánea de un número tan grande de migrantes, que ya son un porcentaje de la población nacional (supera el 1 %), nos pone un desafío creativo, en especial por ser una nación endógena, cerrada a los de afuera.

Y al mismo tiempo llegan turistas, 5 millones en el último año, que dejan 5.000 millones de dólares, ya el segundo renglón del PIB. Mientras se elevan fronteras contra su presencia, muchas veces no grata, como pasa en Europa mediterránea, con movimientos que desafían a esos gocetas imparables que elevan precios y maltratan ciudades históricas, en Colombia estamos del otro lado, abriéndoles opciones, en especial el ecoturismo.

Colombia es naturaleza: ello se parece mucho a que los mayores ingresos en economía se deben al petróleo y los minerales

La construcción de una nueva imagen internacional de este país que aprovecha ese nuevo interés por venir a explorarlo se está concentrando de nuevo en asuntos de naturaleza, selva, deportes extremos o playas y sus costas.

En investigaciones que coordino sobre imaginarios de nación, hace ya unos años, resulta que Colombia, incluyendo Bogotá, se identifica con el Caribe y en pequeñas encuestas que acabo de hacer en visitas a Brasil y México, aun para naciones pares, Colombia es naturaleza: ello se parece mucho a que los mayores ingresos en economía se deben al petróleo y los minerales.

La caribeñización, de la que se ha hablado, ahora poniendo como centro el posconflicto, se podría reemplazar por la selvatización. No quiero decir que no se visiten las ciudades, sino que en las imágenes que ofrece el país en el exterior no se destacan las condiciones de su vida urbana, y esto significa un déficit representacional. Por ahora, refugiados y turistas nos estrenan una nueva Colombia.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

Columnistas

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