¿Cuándo se nos complicó el sexo?

¿Cuándo se nos complicó el sexo?

No se trata de que ahora hayan aparecido por generación espontánea lesbianas, gais, bisexuales, transgéneros, intersexuales (LGBTI).

19 de agosto 2016 , 07:53 p.m.

No hay nada como el sexo para gozar, hacer reír, burlar y, claro, volvernos solemnes. Luego de Freud, cuando se nos revelan las profundas manifestaciones del eros mal educado que obedece a impulsos y no a Dios o luego de las neurociencias, en las que se evidencia la compleja relación entre cerebro y sexo y que no hay límites precisos entre géneros, se podría pensar con más consideración humana.

No se trata de que ahora hayan aparecido por generación espontánea lesbianas, gais, bisexuales, transgéneros, intersexuales (LGBTI), con una I final que puede ampliarse a inseguro, incierto o indefinido, y se podrá ir agregando letras para que cada uno se sienta en casa. Pasa que ahora nos podemos expresar y crear cadenas de contacto; la popularidad de estas nuevas comunidades de búsqueda de identidades son propias de un momento en que existe internet y podemos compartir nuestros secretos y penas para proyectar un nuevo horizonte de más realidad y conciliación: aceptar que la gente tiene el sexo que dice tener y no lo que ve el ojo.

El hermoso filme de Ton Hopper 'La chica danesa' (2015), una autobiografía de los años 20 en la que una retratista le pide a su esposo, el paisajista Eimar Wegener –Lili–, que pose para ella disfrazado de mujer, con el resultado de que termina identificado con su nuevo rol y ya no quiere regresar a ser hombre. Lili decide someterse a una de las primeras operaciones de reasignación de sexo, eliminar rastros de masculinidad y configurase una vagina.

El libro del holandés Maxim Februari 'El hombre en construcción' muestra lo contrario, el momento valiente en que anuncia su intención de vivir como un hombre gritándole a la Iglesia que si piensa que la división entre hombres y mujeres viene dada por la naturaleza, está equivocada. La Intersex Society of North America reconoce que una persona de cada 100 al nacer no se ajusta al “estándar de masculinidad o feminidad”.

Debemos agradecer, entonces, que se dieron en Colombia tres circunstancias en el mismo ser, ministra educación, mujer y lesbiana, para que, tras una cartilla educativa y antidiscriminatoria, se desataran los demonios más ocultos de una dirigencia patriarcal frente al objeto más sacralizado del cuerpo: el sexo, y poner a la vista pública el traje invisible del emperador empeloto.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com

Columnistas

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