¿Para qué la Otán?

¿Para qué la Otán?

Hoy, con 29 países miembros y liderada por EE. UU., controla el 76 % del gasto militar mundial.

02 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Entre los aspectos salvables de la gestión presidencial de Juan Manuel Santos, que ahora termina, además del logro de la paz con la guerrilla de las Farc, tras una trabajosa negociación, está, en términos generales, la política exterior, llevada con muy buen tino por María Ángela Holguín, propendiendo a excluir respuestas agresivas en cualquier circunstancia en favor de la negociación civilizada y multilateral.

Por eso ha sorprendido la extemporánea adhesión de Colombia a la alianza militar Organización para el Tratado del Atlántico Norte (Otán) como “socio global”, firmada el pasado 31 de mayo por un ufano presidente Santos. El colombiano es así el único país de América Latina en adherirse a una Alianza cuyo espacio primigenio, el Atlántico Norte, está justo al otro extremo del planeta.

Además, en un momento en el que los esfuerzos del país se dirigen a construir y aplicar el proceso de paz con las Farc y a dar salida al que se intenta con el Eln. Con la circunstancia añadida de una crisis global que afecta seriamente a la propia Otán, con un presidente Trump cada vez más unilateralista, que insulta a los socios militares de una alianza que en la práctica su país nunca ha dejado de manejar, para que metan cada vez más dinero en su sostenimiento y en gastos militares, como sucedió en la reciente cumbre del organismo. Por su parte, Europa se está marcando como prioridad dotarse de medios propios de defensa, al considerar a Estados Unidos como un líder cada vez menos fiable (Merkel dixit).

Colombia es el único país de América Latina en adherirse a una Alianza cuyo espacio primigenio, el Atlántico Norte, está justo al otro extremo del planeta.

A pocos años del final de la Segunda Guerra mundial, la Otán se fundó en 1949 mediante el Tratado de Washington y hoy, con 29 países miembros y liderada por Estados Unidos, siempre con una dirección formal europea y sede en Bruselas, controla el 76 por ciento del gasto militar mundial. Su finalidad primordial, servir de parapeto a una posible expansión soviética, perdió sentido con la disolución del Pacto de Varsovia (su alianza político-militar) en 1991.

En ese momento se esperaban la disolución correspondiente de la Otán y la dedicación de su ingente gasto militar a otras causas. No fue así. Se impuso el “complejo militar industrial” sobre cuyo poder el presidente de Estados Unidos Eisenhower alertó durante su salida del cargo.

La Alianza se fijó como objetivo captar a los países que dejaban la órbita soviética, planteando nuevos enemigos “globales” que justificaran su actuación en cualquier lugar del mundo: en primer lugar, el “terrorismo islámico”. A partir de ahí, las actuaciones sobre el terreno de la Otán –Yugoslavia, Afganistán, Libia…– han dejado resultados inciertos, cuando no catastróficos desde el punto de vista humano. En realidad, se trata de actuar al margen de la ONU, cuando se considera que no va a aprobar ciertas acciones estratégicas en el terreno militar.

En 1950, Colombia fue el único país de Latinoamérica en responder a la demanda de apoyo a la guerra de Corea, que libraban el Norte, con apoyo soviético, y el Sur, con respaldo occidental, fundamentalmente de Estados Unidos, con el envío de tres fragatas y un batallón de infantería. Un oficial se preguntaba en sus memorias: “Por qué luchar por la libertad y la democracia en otro país, cuando en el nuestro ambas estaban desapareciendo”.

Acudiendo a Corea, el gobierno de Laureano Gómez trataba de lavar cierta imagen de ‘pronazi’ que había adquirido Colombia y, sobre todo, conseguir armas de Estados Unidos para combatir al “enemigo interior”. Ninguna de estas razones se da hoy para justificar la asociación a una costosa alianza militar, con actuaciones tan lejanas de la realidad regional y los problemas colombianos, como Asia central.

Por cierto, me ha sido imposible confirmar si los más de cien militares de Colombia que fueron enviados a Afganistán en misión de apoyo a la Otán siguen allí.

ANTONIO ALBIÑANA

Columnistas

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