El laberinto italiano

El laberinto italiano

Se cumplieron las peores expectativas: la mayoría de italianos votaron por fuerzas antieuropeas.

15 de marzo 2018 , 12:00 a.m.

“Otra vez la democracia camina al borde del precipicio”.Sami Naïr

La mayor preocupación de la Unión Europea en los últimos meses no ha sido el brexit (la negociación para la salida de Gran Bretaña), ni los intentos de establecer una “república independiente” en Cataluña, sino lo que podría suceder en las elecciones italianas del 4 de marzo. Y se cumplieron las peores expectativas: la mayoría de italianos votaron por fuerzas antieuropeas, con una mayor o menos carga de xenofobia, abriendo una época de consecuencias imprevisibles en la tercera economía continental y la novena del mundo.

El gran vencedor ha sido el Movimiento 5 Estrellas, con casi un tercio de los votos y el mensaje antieuropeo y antiinstitucional furibundo de su líder, Luigi Di Maio, que, por cierto, muestra grandes dificultades para expresarse y carece de formación alguna a sus 31 años.

Le sigue Matteo Salvani al frente de La Liga (antes Liga Norte y con adherencias fascistas): “Seguiré siendo un populista”, declaró nada más saberse el resultado de las elecciones que le otorgaban el segundo lugar en votación, con un 18 %. Su mensaje es triple: contra la inmigración, los musulmanes y la Unión Europea. Aunque moderó su lenguaje hacia el final de la campaña, su lugarteniente Lorenzo Fontana dejó claro al conocerse los resultados que estos habían sido “una evidente señal de confrontación con Europa”. Se abre una larga etapa de alianzas, porque ningún partido tiene la mayoría suficiente para gobernar.

Berlusconi constituye un fenómeno curioso que acaba de repetirse en parte en Estados Unidos.

Los grandes derrotados, el jefe del Gobierno, Matteo Renzi, líder dimisionario del Partido Democrático (centroizquierda), y Silvio Berlusconi, al frente de Forza Italia, en la sombra, ya que está inhabilitado judicialmente. Il Cavaliere Berlusconi constituye un fenómeno curioso que acaba de repetirse en parte en Estados Unidos. Después del poder económico (el empresario más rico de Italia), se hizo con el poder mediático (televisión popular y prensa). Luego se lanzó a ocupar el poder político con su partido Forza Italia, siempre en alianza con la mafia.

Mientras tanto, la izquierda ha tratado en los últimos años de recomponer los restos socialistas y comunistas, suavizando imágenes y definiciones, hasta llegar a llamarse simplemente Partido Demócrata. Así consiguió gobernar hasta las recientes elecciones. A su joven líder y primer ministro, Matteo Renzi, se lo acaba de llevar por delante la ola populista que arrasó Italia la semana pasada.

El análisis de su fracaso no dista mucho del que puede hacerse en otros países europeos. En primer lugar, el rechazo a la inmigración, presentada como enemiga en el ámbito laboral y, casi siempre abusivamente, como un problema de seguridad (de nuevo las posverdades) en un país que es la puerta de llegada de los africanos que huyen de la miseria. Según el Instituto Eurispes, el 70 % de los italianos creen que hay muchos más inmigrantes de los que realmente hay y que la mayor parte están en situación irregular, cuando estos no llegan al 10 %. Por otra parte, como analiza el diario The Guardian, los partidos de izquierda o de centroizquierda (como el que gobernaba a Italia hasta hoy) “han abandonado sus agendas progresistas, y acaban pareciéndose a los conservadores, a los que supuestamente tendrían que combatir. El auge de las fuerzas populistas es la derrota de la socialdemocracia y de las fuerzas de izquierda”.

Una prueba de lo que señala el diario británico es que en donde más sube el partido triunfador de las elecciones italianas, 5 Estrellas, es en las zonas donde hay mayor desempleo. Y la aplicación de políticas liberales ha dejado en el umbral de la pobreza a 18 millones de italianos.

Finalmente, al analizar los recientes comicios en Italia es importante recoger la reflexión del fiscal antimafia Nino Di Matteo: “Hoy debería estar en la agenda política la lucha sin cuartel contra la mafia y la corrupción, pero desgraciadamente no es así, en las campañas electorales no se ha hablado de estos temas”. Y añade un dato: “En las cárceles italianas hay 60.000 detenidos, los condenados por corrupción no llegan a 30”.

ANTONIO ALBIÑANA

Columnistas

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