Hay otra lucha que al parecer está perdida: la de la honestidad. El caso de la corrupción en Armenia.
La humanidad ha declarado perdidas dos batallas: la del medio ambiente y la de las drogas. La mayoría de los científicos serios dicen que los esfuerzos y las declaraciones de los foros internacionales sobre el medio ambiente son paños de agua tibia y palabrería vana. Y que habría que lograr que los jóvenes (y viejos) de los países del primer mundo dejaran de consumir la droga para eliminar el problema. Y esto es prácticamente imposible. En ambas derrotas, Colombia, paraíso de la biodiversidad y "paraíso" de la coca, sale mortalmente perjudicada.
Hay otra lucha que al parecer está perdida: la de la honestidad. Y creo saber la causa por boca de un taxista: oíamos radio durante el trayecto y hablaron una vez más de las defraudaciones contra el erario. Yo me mostraba indignado. El taxista, que me había contado tener acuciantes problemas económicos, me dijo: "¡Déjelos, no sufra, que aprovechen su cuarto de hora!". Entendí que en el corazón de muchos (¿cuántos?) colombianos decentes duerme un corrupto, y espera el momento de despertarse. No de otra forma se explica el hecho de que los candidatos y los elegidos para cargos públicos declaren que la honestidad será su bandera y terminan, casi todos, investigados o en la cárcel.
Asistí a algunos eventos de las fiestas de Armenia, en el puente del 12 de octubre. El común sentir de los 'cuyabros' es que estuvieron muy mal organizadas; en efecto, varios eventos importantes fueron suprimidos; dicen que no se debió confiar la organización a gentes de Cali, sino de la propia Armenia. En fin, asistí al 'yipao', uno de los más hermosos eventos tradicionales que se puedan celebrar en toda Colombia.
El espectáculo se llevó a cabo en el lugar más inapropiado y de la forma más inapropiada, con retraso de dos horas, con graderías ubicadas en el sentido incorrecto, etc. Pero fue hermoso. En la calle y en las graderías se pavoneaban las gentes importantes de la ciudad. Mis acompañantes me decían: ese que está allá sentado se robó tantos millones; ese otro, el que pasa frente al estrado, cuando fue secretario, hizo un peculado por tantos miles de millones. Y así, me fueron señalando más de 10 ciudadanos con sus respectivas hazañas. Yo los miraba y los veía satisfechos, sonrientes, felices. Ya sé, vivimos otros tiempos. Antaño, los ladrones se escondían, todavía tenían vergüenza. Hogaño, se exhiben. Antaño, nadie quería saber ni tener trato con los ladrones. Hogaño, los corruptos tienen una cohorte de admiradores, de lambones, que aspiran a conseguir favores o quizás a aprender las mañas para ellos también robar.
Resumiendo la tragedia del Quindío: es el departamento más pequeño, fue un ejemplo de buen manejo y progreso y hoy figura como quizás el más corrupto del país y, a pesar de ello, sigue siendo muy hermoso y envidiable. Y quien lo ve, tan chiquito. Me cuentan que hasta en un periódico de USA se habló de la corrupción de Armenia. ¿Le esperará a mi ciudad algún castigo bíblico, o tendremos que suplicar como Abraham: Señor, si hay 10 funcionarios y ex funcionarios honestos en Armenia, perdonarás a la Ciudad Milagro?
El Procurador reconoció que de los 1.115 municipios del país hay 870 investigados; de las 34 gobernaciones, 30 investigadas; de las 785 entidades que reciben regalías, solo 5 han rendido cuentas. ¿Habremos perdido la batalla contra la corrupción? ¿Sí? ¿No? ¿No sabe, no responde o no quiere contestar? ¿Por qué no quiere contestar?
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¿Nada que ver con lo anterior? El funcionario corrupto estaría dispuesto a desollar un piojo para aprovechar su piel.
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