¡Qué suerte la de atracadores y ladrones!
Por: ANDRÉS HURTADO GARCÍA |
¿Quién les quita de la cabeza a los colombianos la idea de que a los pícaros , asesinos, "contratistas", violadores y demás calaña les va mejor en los estrados judiciales que a los ciudadanos honestos, pulcros e inocentes? Este asunto es una de las peores y más dañinas lacras de nuestro sistema judicial.
El 14 de abril, EL TIEMPO "on line" publicó este título un tanto despistador: 'Taxista fue capturado tras defenderse de su presunto asesino'. Los hechos ocurrieron así: un taxista fue atracado y herido por un pasajero; la víctima alcanzó a llamar a sus compañeros de profesión, que llegaron e intentaron linchar al agresor. La noticia concluye así: "El taxista fue trasladado al policlínico, donde se repone de sus heridas y tendrá que enfrentar cargos penales por agresión a su supuesto ladrón".
Declaro, para evitar malos entendidos, que la justicia la debe administrar el Estado, no los particulares. Dicho esto, reconocemos también que los colombianos estamos cansados de que "los derechos" de los malandrines prevalecen sobre los de los ciudadanos de bien, de que la policía aprehende muchas veces a los atracadores y la justicia los suelta, de que los pícaros y sus abogados ídem alargan los procesos hasta que al fin se declaran los famosos "vencimientos de términos".
En el caso que nos ocupa, leí los comentarios de los que entraron al foro de EL TIEMPO, y todos expresaban la misma rabia. Transcribo textualmente uno de ellos, que muestra cabalmente el sentir de los colombianos: "Es claro que el hampón del taxista pisoteó el derecho al trabajo que tenía el buen ladrón; es más, al ladrón hay que darle el taxi y el producido del día y mandarlo de vacaciones; y al tal taxista (todo "sic") que trabaja, que se parta el lomo esquivando huecos en una malla vial destruida y enfrentando buses y zorras hay que clavarlo mínimo dos décadas en la Picota y que indemnice a la familia del ladrón y nada de principio de oportunidad para el taxista, nada, sin derecho a revirar, nada; a la cárcel por hacer lo que la policía debería hacer; es claro que por andar defendiendo su vida y su escaso patrimonio suplantó a los agentes de la ley, haciendo justicia propia; el taxista es casi un paramilitar. Que viva Colombia: libertad y orden".
No resisto la tentación de citar a otro forista: "Ahora defenderse de los delincuentes es un delito, pero lo más grave es que el verdadero delincuente va a salir libre según nuestras tibias leyes."
Otro caso, entre miles. Un excelente funcionario del Parque Nacional Natural de la Ensenada de Utría había llamado varias veces la atención a un nativo que pescaba con mallas prohibidas en el parque.
En cierta ocasión, en el pueblo de El Valle (Chocó), vecino de Utría, el pescador se encontró con el funcionario y lo persiguió por la calle principal con un cuchillo mataganado; pasaron frente a la policía, que no se inmutó, y el funcionario se refugió en Telecom, donde con una navaja, en defensa propia, hirió en el muslo a su casi seguro asesino, a su "presunto" asesino.
¿Para quién fue el problema? Para el honesto funcionario; el "presunto" casi asesino, muerto de risa, demandó al "agresor". Así es nuestra justicia. Dan ganas de llorar por un sistema judicial tan ridículo, tan inconsecuente, por calificarlo sólo con dulces palabras. Nuestra justicia es totalmente injusta. Y no sólo por eso. La inmensa mayoría de colombianos deben aguantar, callar y pasar por alto muchas atrocidades y desventuras porque aquí la justicia tarda pero nunca llega. Y si llega, la víctima y el victimario reciben la noticia en la tumba.
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