Desagravio a la Universidad Nacional
Por: ANDRéS HURTADO GARCíA |
Andrés Hurtado García
La Universidad Nacional debería pedir cuentas a Estación Roberto Franco de Villavicencio y a María Cristina Ardila, su directora
¿Por dónde empezamos? Federico Medem fue un científico báltico que llegó a Colombia en 1948 y era autoridad en caimanes del Llano. La Estación Roberto Franco de Villavicencio, anexa a la Universidad Nacional, lleva muchos años estudiando los caimanes con el ánimo plausible de salvarlos y, sobre todo, volverlos a su mundo natural, que es donde deben estar, y no encerrados.
El Frío fue un hato en Venezuela que tuvo el mismo propósito y en pocos años liberó a ríos y caños más de 8.000 ejemplares y durante el tiempo en que Rafael Antelo lo dirigió liberó más de 2.000 individuos. Chávez, en su infinita chabacanería, prepotencia e ignorancia, confiscó el hato y todo el trabajo se vino al suelo.
Pues bien, en 20 años o más, la Estación Roberto Franco no ha liberado ni uno solo, tiene encerrados varios centenares, seguramente con muchos estudios realizados que deben estar escritos en informes. Pero de aquello, de liberarlos, nada.
Recientemente, unos particulares, llevados de gran amor al país y a sus recursos, con solvencia económica y que han convertido el Hato Palmarito de Casanare en una reserva natural llena de toda clase de vida animal y vegetal, se propusieron ayudar en la salvación y conservación del caimán. Lo lógico entre personas cultas y decentes es que la Roberto Franco les agradeciera y trabajaran juntos.
Pues no ha ocurrido así. Les han puesto toda clase de trabas y el 12 de febrero, en el periódico de la Universidad Nacional, que circula con EL TIEMPO, les armaron un novelón lleno de mentiras, medias verdades y truculencias y pretendieron desprestigiarlos frente al país y la comunidad científica.
Por suerte no lo lograron, pues los institutos de la ciencia, desde el Humboldt, hasta los Parques Nacionales, la WWF, la Fundación Omacha y un larguísimo etcétera en Colombia y en España saben de la seriedad de Palmarito, máxime reconociendo que han contratado al doctor Rafael Antelo, autoridad mundial en el tema de los caimanes llaneros.
Yo, como colombiano, como admirador ofendido de la Universidad Nacional, a la que considero la más seria de Colombia, y como coleccionista de muchos artículos de su periódico, presento excusas a la institución por ese gol olímpico tan deplorable que le han metido en su propio periódico. Siento que han ofendido a la Universidad.
Esta institución debería pedir cuentas a la Roberto Franco y a la señora María Cristina Ardila, su directora.
En alguna ocasión ella dijo que no sabe de caimanes y sí de ranas y que el que entiende en su Estación es el profesional de sistemas.
Hay testigos de esto. Como también hay testigos que la vieron romper huevos de caimanes porque no distingue los fértiles de los no fértiles. ¡Qué barbaridad! La propia señora Ardila visitó Palmarito y vio el Caño Caimán donde se pueden liberar estos animales y dijo que era el lugar perfecto para ello. Le solicitaron que entregara 20 a Palmarito, pidió un protocolo, se lo enviaron y nada que los libera. Qué falta de seriedad y de... todo.
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Nada que ver con las truculencias anteriores. Esta semana se estrena en los teatros el documental Apaporis, sobre la selva amazónica, y la vida de Schultes, siguiendo los relatos del espléndido libro de Wade Davis que se llama El río. Todos los colombianos deberíamos ver este hermoso trabajo. Invito, además, a los lectores a la sesión explicada de fotos sobre los vestigios incas del Perú, en el Colegio Champagnat, en la acostumbrada sesión de los últimos viernes de mes, este 24 de febrero, a las 7:00 p.m.
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