Si Gustavo Francisco Petro fuera presidente

Si Gustavo Francisco Petro fuera presidente

Por los bandazos de todas sus decisiones, el delirio estaría a la orden del día en un balcón.

20 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Primera perla: “¿Entré en un supermercado de Caracas y miren lo que encontré?”. A renglón seguido, “¿Me habrá engañado RCN?”, comunicó ‒desde su cuenta en Twitter‒ el señor Gustavo Francisco Petro el 6 de marzo del 2016 y el tsunami de rechazo a semejante mentira en las redes sociales no se hizo esperar. Petro no solo quiso tildar a RCN de medio falso y mentiroso por no cubrir los embustes del chavismo, se metió también con los venezolanos que ven y viven la realidad diariamente.

Me pregunto, y le pregunto, por medio de esta columna, al susodicho candidato presidencial, que lidera las encuestas en este momento: ¡¿cree usted que RCN tiene la capacidad y los medios de engañar al mundo entero, considera usted que todo lo que ocurre en Venezuela no tiene tintes de dictadura y la penuria es un burdo montaje de la oposición o simplemente un antojo de RCN?! Aunque hayan pasado dos años de este tuit, considero que la opinión pública ‒desde su condición actual de candidato presidencial‒ merece una apreciación concreta y sin divagaciones de la situación al otro lado del Orinoco con Nicolás Maduro y compañía, y me encantaría saber si es usted, además, es partidario de semejante modelo para Colombia.

Segunda perla: hojas de vida con ‘doctorados’ y diplomas, cuando lo único que verdaderamente pide la sociedad es un humanista, un líder social sin pretensiones ni tronos ideológicos; no obstante, el señor Gustavo Francisco Petro fue capaz de señalar la paja en el ojo ajeno (Peñalosa), pero se le olvidó mencionar cuáles eran exactamente sus verdaderos diplomas y cuáles son los que aún le faltan o quisiera ostentar. Pero él utilizó los vericuetos del galimatías político (en el video de la entrevista con Yamid Amat https://www.youtube.com/watch?v=SVjpP3jihj8, en el minuto 8, Petro afirma tener el doctorado en “nuevas tendencias de administración”) para salirse por la tangente, cuando un ‘líder’ o personaje político de su rango debería sincero en su trayectoria académica.

Hojas de vida con ‘doctorados’ y diplomas, cuando lo único que verdaderamente pide la sociedad es un humanista, un líder social sin pretensiones ni tronos ideológicos.

Tercera perla (la memoria del mitómano): en un momento dado, el señor Gustavo Francisco Petro aseguró que había sido torturado en la Escuela de Caballería con el beneplácito del coronel Plazas Vega, pero la calumnia le duró muy poco cuando el coronel Plazas Vega demostró ‒con pasaporte en mano‒ que él no estaba en el país en las fechas dichas por Petro; no obstante, el señor Gustavo Francisco Petro maquilló su afirmación después para La W con un muy audaz condicional (“si”) que pasó desapercibido: “… le voy a pedir disculpas al coronel Plazas Vega, si él no fue”. La forma correcta para rectificar semejante injuria tenía que haber sido: “¡Sí! El coronel Plazas Vega en ningún momento me torturó, ¡mentí!”. Así, categóricamente, sin duda, lo hubiera pedido el candidato presidencial si la infamia fuera en su contra, pero a este señor ‒parece ser‒ le encanta victimizarse, hacerse ver como el inmolado líder, cuando no es más que un narciso populista adicto a las cámaras y los medios para darle rienda suelta a su memorizada arenga de balcón.

Cuarta perla: la discusión del domingo 11 de febrero con Héctor Abad en Twitter, en la cual el señor Gustavo Francisco Petro le pide al escritor y columnista de ‘El Espectador’ una explicación de “por qué considera sus posiciones populistas”; pues bien, por medio de esta columna, y bajo toda la responsabilidad de mi opinión personal, sí le diré al señor Gustavo Francisco Petro porque lo considero populista e, incluso, muy demagogo.

Por las anteriores cuatro perlas. Por su cinismo y descaro para embaucar a personas de bajo recursos con tal de obtener los votos, cuando usted muy bien sabe que sus resultados son completamente desnutridos: las basuras de Bogotá y su pésima gestión como alcalde de la capital, uno de sus verdaderos ‘doctorados’ en gestión como funcionario. Porque sus ‘virtudes’ no están en la ejecución, tal vez en la idealización; pero en materia de soñadores, ¡a Colombia le sobran! Por el elevado costo que tiene su narcisista terquedad y los bandazos de todas sus decisiones, y porque si usted, Gustavo Francisco Petro, fuera presidente de Colombia, el delirio estaría a la orden del día en un balcón.

P. S.: Recomiendo ‒como píldora para la memoria‒ el reportaje del 22 de abril del 2016 en ‘El Espectador’, ‘Los tres títulos falsos de Gustavo Petro’ (https://www.elespectador.com/noticias/bogota/los-tres-titulos-falsos-de-gustavo-petro-articulo-628574).

ANDRÉS CANDELA

Columnistas

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