La justicia de Núremberg y el calambur del 'Sí'

La justicia de Núremberg y el calambur del 'Sí'

El proceso debe seguir, pero la justicia como en Núremberg debe estar presente y muy sobre las cabezas de los comandantes de las Farc.

22 de agosto 2016 , 07:00 p.m.

El 9 de mayo de 1945, cuando se refrendó la rendición incondicional de Alemania, el general alemán Alfred Jodl, después de firmar, se levantó e hizo una declaración seguida por una petición: “Nadie puede saber si para bien o para mal nuestro ejército está en su poder. Ya solo resta pedir por la magnanimidad de los vencedores”. La petición fue aceptada por los aliados pese al historial de doce años de las atrocidades más grandes cometidas por los nazis; mas la justicia tenía que prevalecer ante todo para que algo semejante jamás se repitiera en el mundo. Los crímenes realizados sobrepasaban cualquier dimensión de esperanza y justicia, la cual podía verse totalmente cegada u oprimida para satisfacer venganzas como lo deseaba Stalin, y el reto de ejercer un juicio sin precedentes a nivel mundial era descomunal como un antagónico ejemplo de la justicia que los nazis menospreciaron.

Cuando el mundo comenzó a conocer poco a poco –a la velocidad mediática de la época– la barbarie nazi, entonces se propuso sin mayores complicaciones un pelotón de fusilamiento para aquellos líderes que aún quedaban del Tercer Reich; incluso, en un momento dado, se planteó también que Alemania fuera reducida a un estado meramente agropecuario, sin más contratiempos para las naciones aliadas. Pero a todo este tipo de ideas se opuso el ministro de Guerra americano Henry Stimson, quien consideraba que los crímenes de guerra debían ser llevados a una corte militar internacional para que la sentencia impuesta por dicho tribunal marcara un hito en la historia. Su posición prevaleció sobre las demás.

Las condiciones para comenzar el juicio eran muy claras; debía ser real sin tintes de ‘show’, tampoco podía ser una pantomima como las de Stalin y debía tener una filosofía o argumento de base para el juicio: la teoría de la conspiración. Con esta teoría, creada por Murray Bernays, se demostró que los nazis no eran solo una organización política, sino unos conspiradores cuyo anhelo era apoderarse de los países europeos y exterminar al pueblo judío.

Crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad fueron los delitos cometidos por los jerarcas nazis, y por los cuales fueron ejemplarmente condenados.

Ahora bien, sin haber ostentado jamás el poder presidencial –por fortuna, aunque ya no parece tan irreal o absurdo–, los comandantes de las Farc también han cometido durante décadas los mismos crímenes contra la paz, crímenes de guerra y, sobre todo, una vergonzosa lista de brutalidades contra la humanidad, la cual es su mayor prontuario; sin embargo, los pregoneros del ‘Sí’ se afanan en pasar por alto dichas barbaridades con insulsos o amenazantes argumentos como si estuviéramos hablando de indiscutibles dogmas de fe. ¡¿Acaso no se supone que están hablando del nuevo edén de la paz nacional, el nuevo paraíso terrenal?!

El tribuno Armando Benedetti, flamante campeón de Tetris en las sesiones del Senado y muchas veces citado en estas líneas, es un claro ejemplo de la amenazante campaña del ‘Sí’. El pasado 4 de agosto escribió en su cuenta personal de Twitter: “Si gana el NO habrá la peor guerra conocida y la paz nunca más será una opción en los próximos 100 años!”. ¡¿Cómo se le puede creer a una paz impuesta bajo semejantes amenazas?! Y él es tan solo una insignificante muestra del maquiavélico calambur de campaña que realizan muchos de los que están a favor del ‘Sí’. Menos mal no lo hacen todos.

Hay que ser verdaderamente muy falto de sentido común (el menos común de todos los sentidos) para intentar hacernos creer que –me incluyo– quienes votaremos por el ‘No’ estamos contra un proceso de paz. ¿Ya se les olvidó con qué bandera llegó Andrés Pastrana a la presidencia?

El asunto –haciendo lectura del clamor en las redes sociales y las encuestas– es muy claro: el proceso debe seguir, pero la justicia como en Núremberg debe estar presente y muy sobre las cabezas de los comandantes de las Farc, ¡deben ir a prisión! Solo así, les aseguro, estaremos construyendo país.

P. S.: sobre el proceso con los paramilitares, tan criticado en un momento dado, vale la pena recordarles a los senadores del ‘Sí’ donde están aún algunos de ellos: ¡pregúntenle a Mancuso!


Andrés Candela
@Andrescandla

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