Rafael Núñez y los odios heredados

Rafael Núñez y los odios heredados

¿Por qué razón desapareció la imagen del expresidente Núñez de nuestra moneda?

18 de noviembre 2016 , 05:32 p.m.

A raíz de una columna anterior, ‘El billete de cinco mil y la conspiración contra Núñez’, amigos coterráneos se han identificado con el legítimo reclamo allí expresado, del querer de algunos de hacer desaparecer a Núñez como actor de primer orden en la creación y puesta en marcha de la institucionalidad política, económica y financiera de Colombia, y han mostrado también su preocupación por el hecho de que hoy, el cuatro veces presidente de Colombia, exministro de Hacienda, fundador del Banco Nacional precursor del actual Banco de la República, quien abolió el patrón oro y como estadista insigne que instauró una nueva constitución (1886) y un nuevo orden institucional para la convulsa Colombia del siglo XIX, no tenga dolientes en la dirigencia de la ciudad que tanto amó y que tanto lo inspiró en su fecunda obra transformadora de la sociedad de la Colombia de entonces. Desaparecidos Eduardo Lemaitre, Raimundo Emiliani, Nicolás del Castillo, Donaldo Bossa, Ramiro de la Espriella, solo quedan algunas voces aisladas como la de Carlos Villalba que, ocasionalmente, se ocupan del tema.

Recientemente, me visitó en Bogotá uno de esos amigos preocupados, el antropólogo y pedagogo Juan Gutiérrez Magallanes, y al coincidir en la necesidad de trabajar porque se le restablezcan a Núñez los reconocimientos debidos al honroso lugar que debe ocupar en la historia nacional, se tomó el trabajo de averiguar, en esas librerías de textos usados, por el libro clásico sobre Núñez de Indalecio Liévano Aguirre con prólogo el expresidente Eduardo Santos Montejo, y encontró dos vetustos ejemplares, uno de los cuales me lo obsequió.

Una vez hecho el propósito de releerlo cedo a la tentación de comentar algunos apartes, aún sin terminarlo, por cuanto veo que las generaciones actuales poco saben de la obra del ‘Regenerador’ y que el Banco de la República le ha infringido a la memoria de Núñez la afrentosa ofensa de descontinuar el billete de cinco mil con el cual el gobierno de Belisario Betancur le rindió un merecido homenaje con motivo de los cien años de la Constitución de 1886.

Actualmente, el Banco de la República está promocionando la puesta en circulación de varias familias de nuevos billetes y yo les he enviado varios derechos de petición para que expliquen por qué razón desapareció la imagen de Núñez del billete de cinco mil mencionado, y se han limitado a dar respuestas de rutina sin tener en cuenta el alcance y fondo de la solicitud.

En efecto, pasado el gobierno de Belisario Betancur, ocurrió el robo a la agencia del Banco de la República en Valledupar y, como si solo hubiera en ese banco billetes de cinco mil, el gobierno de la época ordenó suspender la circulación del billete en homenaje a Núñez y, después de algún tiempo, sacó otro billete de cinco mil con características diferentes, en el cual la imagen de Núñez fue reemplazada por la del poeta bogotano José Asunción Silva.

En la rutinaria explicación dada por el Banco de la República dijeron que cada nuevo billete tiene, a su vez, un personaje nuevo. Sin embargo, esa es una afirmación en este caso mentirosa, por cuanto el nuevo billete de cinco mil que está en circulación mantiene la misma imagen del poeta Silva.

Lo anterior me lleva a pensar que todavía existen en este país odios heredados que intentan hacer desaparecer de la historia nacional la trayectoria y realizaciones de este cartagenero y colombiano insigne, tal como se pudo advertir por el celo con el que el gobierno de César Gaviria quiso borrar de un plumazo las referencias a la Constitución de 1886, gran parte de la cual fue copiada y recodificada en la Constitución de 1991, que supuestamente instauró un nuevo país.

Al respecto, bien vale la pena citar una de las frases del expresidente Eduardo Santos en su prólogo a la obra de Liévano: “Para nosotros es evidente que la más trágica equivocación de nuestra vida política fue la que padecieron, respecto del doctor Núñez, los políticos radicales en los diez años anteriores a 1886. El grupo radical tenía indiscutiblemente excelsas condiciones morales, pero adolecía de un fanatismo y de una intransigencia que a todos nos costó muy caro. Cuando el doctor Núñez preconizaba reformas que la opinión nacional reclamaba con angustia, ellos cerraban los ojos a esa política reformista para no pensar sino en el odiado enemigo”.

Y pensar que todavía hay personas, como un distinguido rector universitario, que tienen nostalgia de los estados federados de 1863, e incluso un profesor de esa misma universidad dijo, sin sonrojarse, que hay que volver a las constituciones de 1863 y 1853 puesto que la de 1886 dizque fue solo la del estado de sitio. Vivir para ver, como decía el expresidente López Michelsen.


Amadeo Rodríguez Castilla

* Economista consultor

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