La gente de la Nacional

La gente de la Nacional

Desafortunados eventos minaron la buena imagen de la U. Nacional, hasta el punto de marginarla.

08 de julio 2017 , 12:00 a.m.

El país reconoce a la Universidad Nacional como su principal centro de educación superior, lo cual constantemente se pone en evidencia por los distintos 'rankings' nacionales e internacionales que al efecto se realizan. Sin embargo, por su carácter democrático, abierto a todas las formas de pensamiento en las que predomina el libre examen y, por su masivo y heterogéneo tamaño poblacional, proveniente de todas las regiones del país, ha sido campo propicio para que allí se hayan enquistado pequeños grupos contestatarios que actúan en abierto desafío del orden institucional vigente, casi siempre por las vías de hecho.

Esos desafortunados eventos han conspirado en contra de la buena imagen de la Nacional, hasta el punto de que la dirigencia nacional ha hecho al margen a tal institución, e ignorado el aporte que sus egresados podrían hacerle a la sociedad si fueran tenidos en cuenta en las principales posiciones de dirección del Estado. Pareciera que predominara la malsana intención de muchos medios, en mostrar una asociación perversa entre hechos violentos que conmueven a la sociedad, y el campus universitario y la responsabilidad de sus egresados.

En días pasados, de nuevo la Nacional ha sido noticia de primer orden en todos los medios, no por la contribución que hizo, como una especie de secretaría técnica en la canalización de propuestas temáticas de diverso origen sobre el proceso de paz, sino sobre la captura y formulación de cargos a un grupo de personas que, al parecer, son miembros de un nuevo grupo terrorista. Pero, lo que más se destacó fue que todos o la mayoría fueran egresados de la Universidad Nacional de Colombia, lo cual dio lugar a un debate intenso entre defensores y detractores.

En esos días, Facebook, trajo a colación una columna escrita en El Tiempo por el suscrito, hace algo mas de un año, en la cual, como egresado de esa prestigiosa institución, expreso mi preocupación por la muy escasa representación que sus egresados tienen en los principales órganos del poder nacional.

Las instituciones no son culpables de la conducta de los individuos que los componen o en este caso de quienes hayan pasado por sus aulas

En esa columna, además de una sana crítica sobre el comportamiento antisistema que durante mucho tiempo ha imperado en dicha institución, también señalo cómo el sistema político imperante ha dejado de lado a la Nacional como generadora de conocimiento y de liderazgo.

Por ejemplo, actualmente no hay ningún ministro, ni magistrado de las cuatro altas cortes, ni en la junta directiva del Banco de la República, ni en las superintendencias que sea egresado de la Nacional. Solo en el Departamento de la Función Pública hay una egresada de la Nacional, creo que mas como cuota de Antanas Mockus, pero en general en el alto gobierno la Nacional brilla por su ausencia. ¿Ello no explicaría muchas cosas?

Si miramos un poco hacia el pasado inmediato observamos que el último Presidente egresado de la Nacional fue Virgilio Barco, los dos últimos ministros de Hacienda fueron Abdón Espinosa Valderrama, gobiernos de Carlos Lleras y López Michelsen y Alfonso Patiño Rosseli con Misael Pastrana, Antonio Hernández fue ministro de Agricultura de Samper y los dos últimos ministros han sido Carlos Rodado Noriega y Germán Cardona, en el primer gobierno de Juan Manuel Santos.

El país requiere que el alto gobierno se abra a la participación de los egresados de la Nacional y que, esta, se abra al país como una institución que no sólo tenga un papel contestatario sino que también sea capaz de proveer respuestas a los acuciantes problemas nacionales.

A raíz del acto terrorista en el Centro Comercial Andino y del grupo al cual se le atribuye, los medios han destacado que la mayoria de los detenidos son egresados de la Univesidad Nacional de Colombia, lo cual ha ocasionado el rechazo de sus directivas y egresados porque, como es obvio, las instituciones no son culpables de la conducta de los individuos que los componen o en este caso de quienes hayan pasado por sus aulas.

Pero dado que el hecho ya se produjo, sería bueno que algún medio, en aras de la transparencia y la equidad informativa, efectúe un rápido inventario de sonados casos denunciados, con gran impacto en la sociedad, como Reficar, Odebrecht, escándalos en Córdoba, Meta, Guajira, caso actual fiscal anticorrupción, y otros, con la mención sobre de cuales universidades son egresados sus principales implicados, lo cual no implica señalamiento alguno pero, de pronto, nos da una clasificación perversa de que existan simpatías subversivas en las universidades oficiales, pero que los corruptos pertenezcan a otros segmentos del medio universitario.

AMADEO RODRÍGUEZ CASTILLA

Columnistas

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