El populismo como modelo económico y político

El populismo como modelo económico y político

En el país hoy se respira un ambiente de sana expectativa con la elección presidencial de Duque.

28 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Pasado el vendaval político de la segunda vuelta de la elección presidencial, muchos analistas y empresarios han recuperado su tranquilidad sobre el manejo macroeconómico que un eventual gobierno de Gustavo Petro tendría la economía nacional, sobre el cual se concluye que habría sido un verdadero desastre, con base en algunos supuestos de las actuaciones de los organismos financieros internacionales, especialmente de la banca privada, y por la actitud de confrontación que caracteriza a Petro.

Por ejemplo, cuando a Petro se le ha preguntado sobre la gestión económica de Maduro, al frente del Gobierno venezolano, se sale por la tangente atribuyendo ese mal manejo a que es una economía petrolera y que eso, precisamente, es lo que él quiere cambiar en Colombia y nuestros periodistas se dejan embaucar por ese análisis envolvente y no profundizan en el tema. Aquí es bueno anotar cómo Petro prefirió la plaza pública, en donde nadie lo puede controvertir, a la asistencia a foros con gremios y profesionales especializados, en donde sí existen interlocutores calificados que lo pueden controvertir.

El problema no es que se dependa de una o dos fuentes de recursos para el sustento y desarrollo de una economía, sino del buen uso que los gobernantes hagan de ellos. Por ejemplo, cuando se descubrieron grandes yacimientos petroleros en el mar del norte, los países que explotaron los mismos, Noruega, Inglaterra y Dinamarca lo que hicieron fue fortalecer su caja de disponibilidad de recursos externos y los utilizaron de acuerdo con sus necesidades identificadas en sus respectivos planes de desarrollo.

El problema no es que se dependa de una o dos fuentes de recursos para el sustento y desarrollo de una economía, sino del buen uso que los gobernantes hagan de ellos.

En cambio, cuando Chávez llegó al poder comenzó a feriar la bonanza petrolera, primero armándose hasta los dientes con armamento sofisticado de Rusia y China; luego comenzó a utilizar el petróleo como arma política entregando petróleo a precios subsidiados a los países e islas del Caribe, con un trato excepcional a Cuba, país al cual prácticamente se le ha abastecido de manera gratuita.

Otro tipo de acción fue atraer a países con tendencias populistas como los Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Mujica en Uruguay, Correa en Ecuador y otros de Centroamérica. En el caso argentino, por ejemplo, cuando el FMI le hizo una serie de reconvenciones y sugerencias sobre el manejo económico, Chávez les prestó la plata que adeudaban a esa institución con lo cual pagaron y cortaron relación con esa entidad “imperialista”. Pero como había una deuda privada importante, entonces con el apoyo venezolano Argentina les propuso comprarles la deuda con descuento y unos aceptaron y otros no. En ese escenario, a Argentina se le cerraron las puertas de los organismos internacionales de financiamiento, especialmente de la banca privada. Durante todo ese tiempo casi todos los servicios públicos fueron subsidiados y pasó como en Venezuela, que los mismos se fueron deteriorando por falta de mantenimiento.

Como ese es el estilo del manejo económico de Petro, tal como lo vimos en su accidentada y controvertida gestión en la Alcaldía de Bogotá, podemos decir que el país se ha librado de algo similar a lo que pasó en Argentina, pero con el agravante de convertir a Colombia en una economía altamente dependiente del narcotráfico y del contrabando, pues nadie se imagina a Petro tomando medidas como retomar la fumigación de las grandes plantaciones de coca, las cuales, según las informaciones recientes del gobierno de EE. UU., hoy se ubican en 210.000 hectáreas sembradas, pese a que hace ocho años eran apenas de 40.000.

En ese supuesto y surrealista escenario de una presidencia de Petro, Colombia se habría convertido en un país paria a nivel internacional, con la consabida descertificación de los Estados Unidos, cuyo actual presidente, Donald Trump, ha demostrado que no se para en consideraciones vanas cuando de imponer sanciones se trata.

Es por ello que en el país hoy se respira un ambiente de tranquilidad y sana expectativa, con la elección presidencial de Iván Duque Márquez, quien desarrolló una moderna campaña sin dejarse provocar por los agravios y mostrando talante y talento de estadista.

Hay todavía algunas voces estridentes, especialmente en las autopromocionadas redes sociales, en las que algunos siguen con el insulto y la diatriba tratando de maltratar a los electores de Duque y ensalzar los de Petro. Al respecto, habría que recordarles a esos personajes el conocido aforismo del romancero español: “Dios está con los malos cuando son más que los buenos”.

AMADEO RODRÍGUEZ CASTILLA
* Economista consultor

Columnistas

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