César González Muñoz, ‘in memoriam’

César González Muñoz, ‘in memoriam’

Este economista colombiano siempre dio ejemplo de ser un gran caballero, y mejor ser humano.

21 de agosto 2017 , 01:30 a.m.

El pasado jueves 10 de agosto, en el auditorio de la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional se llevó a cabo un solemne y emotivo homenaje a la memoria de César González Muñoz, a quien la parca nos arrebatara prematuramente en su plena madurez intelectual, y de quien el país y la academia esperaban todavía muchos frutos de su fecunda inteligencia y formación profesional. Dicho homenaje fue organizado por la facultad de Ciencias Económicas y la Asociación de Egresados de Economía de la Universidad Nacional.

Los aspectos más notables de esa ceremonia fueron las palabras del decano, Édgar Bejarano Barrera, quien destacó su labor como docente e investigador y su temprana designación como el primer decano de la nueva etapa como facultad de Ciencias Económicas, escindida de la antigua facultad de Ciencias Humanas; el texto enviado por Antonio Hernández Gamarra, leído por el docente Beethoven Herrera; el conversatorio entre Jorge Iván González y Astrid Martínez sobre diversos aspectos de la vida profesional y aportes a la gestión pública del homenajeado; la creación de la medalla César González Muñoz de la Asociación de Egresados de Economía de la Nacional, para ser entregada anualmente al egresado que haya hecho una contribución importante al desarrollo del país, tanto en el sector público como en el privado y, por supuesto, la intervención de Annette Pearson, la viuda neozelandesa a quien César definía como su polo a tierra, en la que pudimos advertir su talante de mujer valerosa y sensible, fiel intérprete de las ideas y conceptos del gran César, con quien conformó un hogar ejemplar del cual quedan hijos y nietos.

Como Annette fue la única persona que mencionó al Dane, y a pesar de que ya no estoy vinculado a esa institución, me ha parecido importante ampliar esa parte de los inicios profesionales de César que podríamos resumir así:

1. César se inició profesionalmente en el Dane, en un programa que tenía esa entidad con la facultad de Economía, del que el último semestre –llamado de investigación– se hizo en una entidad del Estado. Y, como los directivos y mandos medios del Dane de la época abrieron muchos cupos para la Unal, allí César completó su ciclo de pregrado para obtener el título de economista.

2. En esa época funcionaba en el Dane, gobierno de Carlos Lleras y Ernesto Rojas director, una dependencia llamada Seminario de Problemas Colombianos (Seprocol), en la que se hacían trabajos de investigación aprovechando la abundante información estadística que tiene el Dane. Por allí pasaron Salomón Kalmanovitz, Alberto Corchuelo, Gabriel Misas, Jaime Niño (q. e. p. d.) y su esposa Lucía, Bernardo García, Carlos Becerra y otros. Allí, en sus dos primeros años, César demostró sus grandes dotes como investigador.

3. En 1972 yo era jefe de Planeación del Dane, y entre las funciones asignadas estaba el manejo de las operaciones de cooperación técnica internacional. Un buen día, César me visitó para informarme de una posibilidad que se ofrecía por el Icetex de una beca del Consejo Británico, para la cual él cumplía con los requisitos, y pedía mi colaboración para que el Dane lo postulara. De inmediato hablé con el director del Dane, Álvaro Velásquez Cock, quien autorizó la postulación de César, lo cual le permitió concursar y ganarse la beca para una maestría en economía de la Universidad de Cambridge, en la cual tuvo un desempeño destacado, al punto de que tal institución le ofreció que podría continuar en el programa de doctorado, pero las contingencias burocráticas del Icetex de la época le exigieron su inmediato retorno al país.

4. Otra circunstancia que quería destacar en la vida pública de César fue, después de haber estado en la Asociación Bancaria, cuando el presidente de la época, Ernesto Samper, lo nombró superintendente bancario, y de inmediato Rudolf Hommes, por cierto asistente a la ceremonia, lo cuestionó por venir del gremio al cual debía vigilar. Esto no era incompatible; al contrario, pues al conocer César muy bien a ese gremio, tenía mejores elementos de juicio para fortalecer la regulación del sector. Sin embargo, dado el talante conciliador y su delicadeza personal, para no ser objeto de un injusto cuestionamiento, en momentos en que el Gobierno pasaba por graves dificultades de gobernabilidad, César prefirió no aceptar tan merecida distinción. Creo que el hecho de que Hommes estuviera presente en la ceremonia era de pronto muestra de una reconciliación ‘pos mortem’ con quien siempre dio ejemplo de ser un gran caballero y mejor ser humano.

AMADEO RODRÍGUEZ CASTILLA
Economista consultor

Columnistas

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