Todos somos Mocoa

Todos somos Mocoa

Está será una prueba para el Estado no solo para canalizar ayudas, sino para usarlas eficientemente.

05 de abril 2017 , 12:00 a.m.

La pavorosa tragedia padecida por Mocoa y otras poblaciones del Putumayo muestra en toda su magnitud lo bueno y lo malo del pueblo colombiano, que, ante todo, está mostrando su generosidad, desprendimiento y solidaridad sin límites, reconocidas características de nuestro ser nacional: nunca hemos sido indolentes ante el infortunio de nuestros compatriotas, golpeados de nuevo por fuerzas de la naturaleza.

Aquí y ahora no hay cuerda de nuestra sensibilidad social ajena al infortunio. Sin excepción, todos los colombianos queremos ayudar a nuestros hermanos putumayenses, por lo cual repugna a la conciencia nacional la desafortunada salida de un senador del Centro Democrático que, presuroso, trató de sacar partido del desastre, ¡atribuyéndoselo a las Farc!

Nuestras Fuerzas Militares y de Policía fueron las primeras en llegar para asistir a la población afectada, así como organismos de socorro y emergencias; el viceministro del Interior, Guillermo Rivera, oriundo de Mocoa, está ayudando en las tareas restaurativas con su reconocida vocación de servicio; y el joven patrullero tolimense Desiderio Ospina entró a la galería de héroes de la patria al ofrendar su vida intentando salvar la de una niña y su familia.

También, como en otros casos, ha quedado al descubierto la imprevisión. Mientras sobre Armero, en 1985, el parlamentario por el Tolima Guillermo Alfonso Jaramillo advirtió en la Cámara la inminencia de la catástrofe, hoy en Mocoa se ha sabido de voces y hasta de estudios que desde años atrás señalaron la magnitud de cuanto podía ocurrir. Y el mismo día de la avalancha el Ideam anticipó la furia que en pocas horas alcanzarían las aguas, pero, al parecer, las autoridades locales no escucharon.

Debemos reflexionar sobre el abandono de diverso orden en que en ocasiones dejamos a nuestras regiones de frontera y sobre que este es el momento para volver los ojos a esas zonas

Por eso, ante tan devastador panorama, debemos reflexionar sobre el abandono de diverso orden en que en ocasiones dejamos a nuestras regiones de frontera y sobre que este es el momento para volver los ojos a esas zonas –particularmente vulnerables a la devastación ocasionada por fenómenos naturales–, como Buenaventura, Quibdó o Tumaco, entre otras. Aquí se impone una política integral que cubra frentes neurálgicos como el ambiental, ya tratado por expertos como el exministro Manuel Rodríguez.

En este tópico, las declaraciones deben dar paso a acciones concretas. Aparentemente, al lado de la imprevisión puesta de relieve después de la hecatombe humanitaria, también resaltan como causa principal la inclemente deforestación y hasta la ausencia de una política protectora de bosques. Putumayo ha sido víctima del flagelo del narcotráfico, que, como se sabe, acarrea gravísimo deterioro del medioambiente por la deforestación y por la utilización de químicos que envenenan ríos, quebradas y demás fuentes hídricas.

El proceso de paz en marcha posibilita combatir de otra manera los cultivos ilícitos y toda la cadena de producción y distribución de drogas. A algunos pudo extrañarles y hasta causarles cierto escozor que el frente de las Farc que operó en el Putumayo y que ahora está desmovilizado ofreciera ir en ayuda de los damnificados. Pero ello puede ser una primera muestra de cómo adelantar labores de reinserción y reparación.

Sin duda, en ausencia de las Farc protegiendo cultivos, será mucho más fácil la política de erradicación y sustitución. Además, implicará una prueba para el Estado no solo para canalizar las ayudas, sino para usarlas eficientemente y en medio del dolor hacer más llevadera la situación a los miles de damnificados.

Sobrecoge la elevada cifra de niños muertos o huérfanos que obviamente demanda concentración máxima de los organismos del sector –encabezados por el ICBF, dirigido por Cristina Plazas–, sabiendo, como ya dije, que todo el país quiere ayudar a quien lo necesite, restablecer servicios públicos, dar apoyo social y psicológico a las víctimas, y –¡aun cuando parezca increíble!– combatir el saqueo, ya denunciado por el obispo de Mocoa.

Como tituló El Espectador, ‘Ahora a renacer, Mocoa’.

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

Columnistas

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