Resocialización, en pañales

Resocialización, en pañales

Necesitamos profundizar sobre la resocialización. El sistema penitenciario actual es incompatible con la construcción que se quiere de una sociedad basada en el perdón y la reconciliación

10 de enero 2017 , 10:45 p.m.

A finales del año pasado, en la Casa Libertad, en el barrio Teusaquillo, de Bogotá, hubo un importante evento sobre política penitenciaria y resocialización que pasó relativamente inadvertido por el ambiente festivo y una mezcla de cansancio y desesperanza, propios de esa época del año. En esa casa iniciamos hace un tiempo, en el Ministerio de Justicia, con el indispensable auxilio de esa especie de locomotora para las buenas causas que es Johana Bahamón, el programa ‘Postpenado’ para ayudar a que quienes han cumplido su condena puedan engancharse en el aparato productivo del país, para evitar la reincidencia, que aún sigue siendo alta.

Johana, una especie de quijote, más que algunas entidades del Estado, trabaja sin descanso, entre otras cosas, llevando actividades de teatro a los centros de reclusión, para contribuir a mejorar, de un lado, la situación de los internos, y de otro, a conseguir que la sociedad no estigmatice a quienes ya pagaron sus condenas o fueron objeto de injusta privación de la libertad.

En ese evento del 20 de diciembre estuvieron el ministro de Justicia, Jorge Londoño, y su asesora, Marcela Abadía; el director de Planeación, Simón Gaviria; el director del Inpec, general Jorge Luis Ramírez, entre otros.
Esa reunión fue el escenario para que Planeación Nacional, con su director, y con el jefe de la Unidad de Justicia, Gabriel Cifuentes, presentara, por primera vez, una estrategia clara de ‘política de resocialización’. Muchas cosas quedan en evidencia después de esa presentación.

El país carece, como varias veces se ha dicho, de una política criminal y penitenciaria estable. La única reacción del Estado ha sido la de utilizar el Código Penal para criminalizar toda clase de conductas y aumentar penas. En eso no hemos cambiado. Seguimos oyendo las mismas voces populistas o con intereses políticos que, ante eventos que impactan gravemente a la opinión, vuelven con ideas como pena de muerte o cadena perpetua, sin profundizar en la argumentación.

El tema penitenciario no se toma en serio y se desconoce el infierno de las cárceles en Colombia, que no resocializan a nadie. El hacinamiento, como lo demuestra el estudio, influye en 45 por ciento en la recaída en el delito. La cifra del 32 por ciento de sindicados presos sin que se les defina responsabilidad o inocencia sigue siendo muy alta, aunque ha disminuido en los últimos años.

Cada preso le cuesta al Estado al año casi 15 millones de pesos, mucho más de lo que vale sostener un estudiante en la universidad pública. El consumo de estupefacientes es altísimo en los centros de detención.

Este sesudo estudio de Planeación, que por lo demás trae varias recomendaciones al final, suscita varias reflexiones. Es necesario abandonar el populismo punitivo y dejar de pensar en la cárcel para solucionar todas las tensiones sociales. La política criminal y penitenciaria no puede seguir fijándose al vaivén de las emociones o a veces hasta de las presiones mediáticas. El Congreso no puede actuar solo de manera reactiva.

Hay que tomar en serio las recomendaciones del Consejo Nacional de Política Criminal, en el que al lado de expertos tienen asiento casi medio gabinete, el Fiscal General, el Procurador General y el Director de la Policía Nacional.
Necesitamos profundizar más sobre la resocialización. Ahora que asistimos a la implementación de los acuerdos de paz, tenemos que pensar que uno de sus pilares es el de la reinserción de los exguerrilleros a la sociedad. Si en general las empresas no enganchan a condenados, ¿lo harán con antiguos guerrilleros, muchos de los cuales pudieron haber secuestrado o extorsionado?

El citado estudio recuerda la existencia de la Ley 633 del 2000, que contempla beneficios tributarios para quienes enganchen laboralmente a internos o a condenados.

El sistema penitenciario actual es incompatible con la construcción que ahora se quiere de una sociedad basada en el perdón y la reconciliación.

Alfonso Gómez Méndez

Columnistas

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