Paz y errores políticos

Paz y errores políticos

La JEP, con todo y su importancia, apenas alcanzó 52 votos en un Senado de 102 o 99, según dicen.

06 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

El accidentado episodio de muerte, resurrección y probable segunda muerte del acto legislativo que en desarrollo de los acuerdos de La Habana creaba 16 circunscripciones –de paz o para las víctimas– ha puesto al desnudo, más allá de su conveniencia política, todas las falencias de nuestro sistema político e institucional.

Que por causa del resquebrajamiento evidente de la coalición gubernamental esté el país, como diría el agudo jefe conservador Gilberto Alzate, con el “alma pegada a un inciso” muestra hasta qué punto nuestro sistema jurídico es más formal que real.

Si bien forma parte de todo juego parlamentario, no dejaba buena impresión que los congresistas entraran y salieran del recinto para integrar o desintegrar el quorum, máxime si en algunos casos ello obedecía, como se ha denunciado, a presiones burocráticas al Ejecutivo, por lo cual hubo quienes recordaron a Teodolindo Avendaño, recientemente ido a la eternidad.

A los ministros, más que haciendo discursos para convencer, se los veía hablando en privado con los legisladores y hasta haciendo el papel de porteros para impedir la ‘huida’ de congresistas. Irónicamente, la instauración del voto electrónico, que debería agilizar las votaciones, las dilata, pues duran abiertas por media hora. Ya no está Manuelito, el recomendado de Laureano Gómez, eterno secretario de la Cámara que hacía conteos manuales –“uno, dos, tres, veinte, treinta y tres, ochenta”–, sin que eso fuera rigurosamente cierto.

Hay que buscar ya una salida jurídica y política presentable para que las víctimas puedan tener representación en el Congreso.

Y por más que se agitara la campanilla buscando parlamentarios, que se apliquen esos métodos, lo que vimos fue que las normas aprobadas para la paz lo fueron por escaso margen.

La JEP, con todo y su importancia, y sus agregados, apenas alcanzó 52 votos en un Senado de 102 o 99, según las nuevas teorías. Como diría don Quijote: “¿Qué se ficieron... las mayorías del Gobierno?” ¿Dónde estaban los otros 50? Aceptada la derrota, confirmada por el secretario del Senado en su calidad de notario, el Gobierno saca un as bajo la manga para la causa noble de las curules de paz, pero ¿diez minutos después de que el árbitro dio el pitazo final? ¿Por qué no se fijaron reglas claras antes de la votación para señalar, antes y no después de cumplido el hecho, cuál era la mayoría requerida?

Y el presidente Santos, también con patriótica actitud vía declaración, dijo que el acto legislativo sí había sido aprobado, cuando el secretario del Senado ya había certificado otra cosa.

Muchos colombianos quisiéramos que eso fuera así, pero no parece. Así como acompañamos cuando frente a la injusta derrota de Colombia en el partido contra Brasil, dijo que “era gol de Yepes”, pero el árbitro había dicho otra cosa.

El jurista Hernando Herrera Mercado y la senadora y constitucionalista Viviane Morales han dado sólidos argumentos para demostrar que unos días antes del último episodio la conciliación estaba hundida, pues ni la Constitución ni el Reglamento del Congreso prevén que pueda haber sucesivas votaciones ¡hasta integrar el quorum o completar la mayoría!

Pero el tema no es el medio voto. Hay que buscar ya una salida jurídica y política presentable para que las víctimas puedan tener representación en el Congreso. Lo sucedido es apenas el resultado de una cadena de errores jurídicos y políticos, que en forma alguna pueden dar al traste con el proceso de paz.

Fue un error llevar los acuerdos a plebiscito innecesariamente, como lo fue haber encontrado un extraño mecanismo parlamentario para desconocerlo. Podríamos decir, y solo en sentido bíblico, que “ahí comenzó Cristo a padecer”, pues abrió paso a la discusión sobre la legitimidad del proceso. También fue equivocado dejar la implementación para un año electoral. Y por la misma vía fue equivocado dejarle la aprobación de las necesarias reformas a la variante relación clientelista Ejecutivo-Legislativo.

A pesar de los errores, hay que salvar el proceso.

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

Columnistas

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