Las falencias del sistema electoral

Las falencias del sistema electoral

Solo aquí ocurre que lo ‘interno’ puede ser externo; por eso se presentan toda clase de distorsiones

14 de marzo 2018 , 12:00 a.m.

Más allá de sus resultados –que merecen detallados análisis posteriores–, la jornada electoral del domingo puso de nuevo al descubierto las evidentes falencias del sistema político y electoral, cuya solución no ha querido tomar en serio la dirigencia política pese a pomposos cambios tenidos por ‘reforma política’. En alguna medida, todo gira alrededor de cuanto ya he planteado en esta columna: inexistencia de partidos, circunscripción nacional para Senado y listas con voto preferente.

Si bien el impase del agotamiento de los tarjetones para las consultas ‘internas’ de los partidos, en especial del Centro Democrático, pudo obedecer a falta de planificación o a error de cálculo en su ubicación, la verdad es que no era fácil para la Registraduría calcular con exactitud el volumen de votantes en tan extraño mecanismo, dado que no obstante llamarse ‘internas’ no lo son, pues en ellas participa todo el que quiera.

Se distorsiona así un instrumento que en las democracias maduras existe para que las discrepancias sobre candidatos de un determinado partido se resuelvan por el voto de sus militantes. Mientras aquí le damos este tratamiento a un sistema sin partidos, donde opera adecuadamente, sus militantes están carnetizados a fin de que ellos, y solo ellos, decidan cómo quieren que se integren las listas dentro de su organización.

Caso concreto es el del PSOE español, donde, verbigracia, en una consulta interna, 800.000 ciudadanos pueden tomar una decisión y luego, en la elección abierta, aparecen 10 millones de electores. Solo aquí se nos ha ocurrido que lo ‘interno’ puede ser externo, y por eso se presentan toda clase de distorsiones.

Si los 6 millones de la consulta ‘interna’ del Centro Democrático hubiesen provenido de sus militantes, habrían sacado más de 50 senadores.

En 1990, en la consulta ‘interna’ que escogió en elección abierta a César Gaviria intervinieron militantes de partidos distintos al Liberal, por lo cual allí sacó más votos que los que obtuvo luego para presidente.

Esta vez, por idénticas razones, se presentaron toda clase de situaciones extrañas, curiosas o contradictorias. Si los 6 millones de la consulta ‘interna’ del Centro Democrático hubiesen provenido de sus militantes, habrían sacado más de 50 senadores. Incluso si nos limitamos al candidato Iván Duque, claramente asociado de manera exclusiva al Centro Democrático, los 4 millones que obtuvo le hubieran dado a su partido por lo menos 35 senadores; pero, aun con la votación más alta, solo sacó 19, uno menos que los actuales. Y si los 3 millones de Petro los hubiera trasladado a su lista, antipáticamente llamada de los Decentes –como si las demás, incluida la de Mockus, no lo fueran–, hubiesen alcanzado por lo menos 25 en el Senado, y apenas logró 4.

Y eso sin contar que la consulta ‘interna’ en noviembre en el liberalismo, en la que por no poder calcular la participación –que en ese caso fue de 700.000, en contraste con los 9 millones de ahora– costó la suma de 40.000 millones de pesos, mientras que se destinaron 26.000 para esta copiosa de ahora.

Otra prueba de lo arrevesado del sistema es que por la dificultad para precisar la votación con tantos candidatos, y en circunstancias idénticas, entre votos nulos y no marcados hubo más de 2’000.000, lo cual significa que los votos que no sirvieron para el umbral ni para adjudicar curules ¡sumaron la segunda votación total en el país! Ahí se perdieron, más o menos, 20 curules al Senado.

En todo caso, no conviene perder de vista que a algunos de los partidos con más ‘mermelada’ les fue como a los perros en misa. ‘La U’ perdió 7 senadores. Sin que se inmuten sus directivas, el liberalismo perdió tres senadores y siete representantes a la Cámara, incluidos los elegidos en coalición. Un departamento históricamente liberal y con honrosa representación parlamentaria como el Tolima, por primera vez, no eligió ningún senador y apenas seis representantes. Y en Bogotá, otrora bastión del liberalismo, este partido solo alcanzó uno de los 18 escaños a esta última corporación. Rotundo fracaso, pero a la colombiana: sin consecuencia alguna.

¿Necesitaremos más pruebas de tan abstruso sistema?

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

Columnistas

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