Hace 60 años, plebiscito

Hace 60 años, plebiscito

Se dio la votación más alta en la historia del país. Por primera vez sufragó la mujer.

15 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

El próximo primero de diciembre se cumplen 60 años de votado el plebiscito del 57, que en buena parte marcó, para bien y para mal, la actividad política del país en la segunda mitad del siglo XX. Colombia vivía una especie de “ruptura institucional” desde noviembre del 49, cuando Ospina Pérez, ante la posibilidad de ser sometido a juicio político por el Partido Liberal –entonces dirigido por estadistas e ideólogos– acerca de la violencia desatada contra esa colectividad, cerró el Congreso y cortó de tajo la división de poderes. Hoy, esa división no se afecta por actos de fuerza sino de seducción, llamados “cohecho político”.

Prácticamente durante 10 años no hubo elecciones libres, ni funcionó el Congreso ni existió Poder Judicial independiente. En 1950 se eligió en solitario a Laureano Gómez –hecho sin registro en la prensa liberal– por absoluta falta de garantías.

El 13 de junio del 53 se produjo el único golpe real de cuartel, encabezado por el comandante del Ejército, general Rojas Pinilla, pero auspiciado también por el sector ospinista del Partido Conservador. Un mes después se le hizo al dictador un homenaje bipartidista cuyos oradores centrales fueron Guillermo León Valencia –abuelo de Paloma Valencia y Aurelio Iragorri– y Darío Echandía, quien, por cierto, pronunció una de las pocas desafortunadas frases en su vida al calificar el cuartelazo de “golpe de opinión”. Rojas, teniendo como imágenes a Cristo –el Eterno– y Bolívar, había ofrecido “no más sangre, no más muerte, no más depredación en nombre de ningún partido político”, y de ahí que su ascenso fuera recibido con alborozo incluso en el liberalismo, pese a que –entonces general sectario– se lo acusaba de tolerancia con el asalto a la Casa Liberal de Cali en 1948.

La gente votó masivamente, sin entender el texto pero creyendo que así se paraba la confrontación bélica liberal-conservadora.

Había sido ministro de Comunicaciones de Ospina y regresado al Ejército por decisión del Consejo de Estado. La ‘luna de miel’ duró poco. La muerte de los estudiantes, la censura de prensa, los episodios del circo de toros en 1956, el cierre de EL TIEMPO y El Espectador, denuncias sobre corrupción oficial y su decisión de seguir en el poder hicieron que, en España, dos viejos enemigos, Alberto Lleras y Laureano, unidos, prepararan la caída de Rojas y la implantación del Frente Civil, hecho que se dio el 10 de mayo, abandonado por la Iglesia, los gremios y muchos políticos beneficiarios de su gobierno. La historia le abona que pudiendo enfrentar la revuelta con el Ejército en la calle y la consiguiente generación de muertes, prefirió nombrar él mismo una junta militar llamada los “quíntuples”.

Con los partidos de nuevo juntos, y para poner fin a la violencia que ellos mismos habían desatado, se creó una “Comisión paritaria de reajuste institucional” que diseñó el Frente Nacional. Como no había institucionalidad, ellos se inventaron la figura del “plebiscito” para frenar la guerra interna. Si bien era una pieza jurídica –un referendo–, la gente votó masivamente, sin entender el texto pero creyendo que así se paraba la confrontación bélica liberal-conservadora.

Con muy baja abstención, se dio la votación más alta en la historia del país. Por primera vez sufragó la mujer. Curiosamente, para hacerles el quite a las reformas exprés de la Constituyente, se estableció que las reformas constitucionales requerían ocho debates y que solo el Congreso podía cambiarla. En 1991 se le dio un ‘golpe de Estado’ a esta norma, y por decreto de estado de sitio se cambió la Carta.

En 1957, para lograr la paz se dejó en suspenso la democracia con instituciones como la paridad y la alternación. Hubo impunidad total para los inspiradores de la violencia política. Hoy, otro ‘golpe de Estado’ o fast track, a fin de lograr reformas rápidas para acabar con 50 años de confrontación, implica sacrificar, otra vez, el Estado de derecho: con cambios constitucionales en cuatro debates, jurisdicciones especiales, amnistías disfrazadas. Pero ojalá sea la última.

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

Columnistas

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