Elecciones en Francia

Elecciones en Francia

En Francia, los cargos no se heredan necesariamente. El caso de Macron es bien significativo.

26 de abril 2017 , 12:00 a.m.

Curioso que la opinión pública colombiana haya seguido con menor interés el proceso de sucesión presidencial de Francia que el de Estados Unidos. La explicación sería que hoy los norteamericanos influyen más que los franceses en nuestra vida política y económica.

Sin embargo, la rica vida política de los galos ha estado más asociada a nuestro devenir institucional. Fueron librepensadores franceses quienes mayor influencia ejercieron en el pensamiento de nuestros héroes. La traducción de los Derechos del hombre (1789) por Antonio Nariño abrió las puertas a nuestra independencia y hoy es pilar de nuestro derecho público el artículo 16 de dicha declaración, que reza: “... una sociedad en donde no estén garantizados los derechos del ciudadano y la separación de poderes carece de Constitución”.

Fuera del modelo presidencial americano, copiado en parte de Estados Unidos, pero sin sus controles, que llevó a escritores como Vásquez Carrizosa a hablar de la “presidencia imperial” y que ha hecho que nuestra vida política gire alrededor del Presidente, todas nuestras iniciales constituciones y buena parte de las de los siglos XIX y XX se inspiraron en la Revolución francesa.

Pese a cierto rechazo actual a la política tradicional, los franceses siempre han tenido partidos con ideologías propias.

Tras la crisis generada por un parlamentarismo excesivo durante las repúblicas III y IV, e inmediatamente terminada la Segunda Guerra Mundial, las instituciones de la V República del general De Gaulle han hecho de la vida política gala un laboratorio de experiencias en la forma de manejar el Estado y las crisis políticas. Por ejemplo, la reforma de 1962 sobre elección directa del Presidente por los ciudadanos en buena parte atemperó la crisis de los sistemas parlamentarios anteriores y desde entonces esa elección es uno de los hitos determinantes en su vida política.

Pese a cierto rechazo actual a la política tradicional, los franceses siempre han tenido partidos con ideologías propias. Hubo en otro momento partidos socialistas y comunistas fuertes, y también partidos de centro. En 1981, el carismático Mitterrand derrotó a Giscard, iniciando un gobierno de corte socialdemócrata. Como hecho relevante, y al contrario de cuanto ocurre en América Latina, el triunfo del Partido Socialista no implicó barrida burocrática, pues los franceses, con la Escuela Nacional de Administración, crearon un centro para formar cuadros administrativos inmunes a los vaivenes electorales. Aquí intentó hacerlo Alberto Lleras al crear la ESAP, pero han prevalecido los intereses clientelistas, y esos cuadros, excepciones dadas, no salen de allí.

Los franceses también idearon la llamada ‘cohabitación’, para permitir gobernabilidad entre socialistas y partidos derivados de la herencia gaullista, facilitando la movilidad política. En Francia los cargos no se heredan necesariamente. La participación electoral ha sido alta, esta vez cercana al 70 %. Y no son dados los franceses a ‘aventuras políticas’.

El caso de Macron es bien significativo, más allá de la historia sentimental del adolescente enamorado de la profesora a quien convierte en su esposa. Estudiante brillante, egresado de la ENA, como buena parte de la dirigencia política y administrativa francesa, banquero, ministro de Economía y secretario general de la Presidencia, no es alguien que se presente en nombre de la ‘antipolítica’, siendo político profesional. Muy probablemente será, desde el centro, el Presidente más joven de la V República.

La representante no vergonzante de la extrema derecha, Marine Le Pen, si bien es hija de quien apareciera hace casi 30 años como extraño personaje medio lunático, Jean Marie Le Pen, ha construido su propio espacio político, inclusive en contra de su padre, de quien terminó alejada.

Francia ha construido Nación. Como ocurrió con Le Pen padre, casi con seguridad todo el espectro político se colocará en la segunda vuelta del lado del candidato centrista. Leal y carismático, que, aparte de político, economista y filósofo, no obstante sus 39 años, evitará el aislamiento de la patria de Víctor Hugo.

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ

Columnistas

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