El general Ruiz Novoa

El general Ruiz Novoa

El poder militar ha estado sometido constitucionalmente al poder civil, así muchas veces se haya utilizado la expresión 'ruido de sables', sobre todo en momentos de crisis de procesos de paz.

17 de enero 2017 , 06:43 p.m.

La muerte del general Alberto Ruiz Novoa, a los 100 años, revive importantes episodios de la vida política del país en la segunda mitad del siglo XX, que tienen que ver, entre otras, con el papel de las Fuerzas Armadas, el Frente Nacional, el bipartidismo y los militares retirados incorporados luego sin éxito a la actividad política propiamente dicha.

Se lo recuerda principalmente como el Comandante del Batallón Colombia, en Corea. El golpe militar de Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953, instauró el llamado binomio ‘Pueblo-Fuerzas Armadas’, con un gabinete integrado por conservadores y militares que ocuparon ministerios, gobernaciones y alcaldías. El entonces coronel Ruiz Novoa ocupó el cargo de contralor general de la República.

Restablecido el orden constitucional, y para cumplir la paridad ministerial, se instauró la tradición de nombrar en el Ministerio de Guerra a un general del Ejército en servicio activo.

Entre paréntesis, durante el régimen de Rojas Pinilla se produjo la entrega masiva de antiguos guerrilleros liberales, con un decreto de Estado de sitio inspirado en las mismas normas de ahora para amnistiar tanto a quienes combatieron el Estado como a quienes se excedieron en su defensa.

Ya en el segundo gobierno del Frente Nacional, durante la administración de Guillermo León Valencia, abuelo de dos protagonistas políticos de hoy como Aurelio Iragorri y Paloma Valencia, Ruiz Novoa fue nombrado ministro de Guerra. Y se hizo conocer, además, por sus posiciones públicas sobre lo que se denominó las estructuras sociales injustas y por opinar sobre diversos temas, lo que lo hacía ver como un militar en la política.

En enero de 1965, un paro nacional amenazaba seriamente el segundo gobierno del Frente Nacional, lo que, unido a la particular manera de actuar del Ministro de Guerra, hizo crecer el rumor, tantas veces surgido y tantas veces desmentido, de un “ruido de sables”.

Es conocida la foto de un periódico de la época que mostraba el reloj del General después de una reunión de urgencia con el jefe de Estado. El general Ruiz entró a ese evento como ministro y salió como exministro. Aparentemente, en el Presidente había calado la idea de la posibilidad de golpe de Estado, por cierto, que nunca se dio en Colombia durante las dictaduras del Cono Sur.

Años después, el propio expresidente contó que durante esa reunión él había guardado en su despacho un revólver, por si acaso se sublevaba el General... Desde esa época, se acuñó la frase de que Colombia era “tierra estéril para las dictaduras”. En términos generales, el poder militar ha estado sometido constitucionalmente al poder civil, así muchas veces, sobre todo en los medios, se haya utilizado la expresión ‘ruido de sables’, de manera más insistente en momentos de crisis de procesos de paz.

En la década del 60, ya de ‘everfit’, el general Ruiz Novoa trató de ser candidato presidencial, sin éxito, y se refugió en una empresa avícola en Fusagasugá. Otros generales retirados, en situaciones de confrontación con los presidentes de turno, siguieron el camino sin mucha suerte.

El más brillante de todos, Álvaro Valencia Tovar, apenas alcanzó cien mil votos cuando se presentó como candidato, pero por su sólida formación académica siguió siendo hasta su muerte un influyente militar retirado.

Con menos méritos, y mayor fracaso, lo intentó el general Harold Bedoya, retirado durante el gobierno Samper. En la policía, aspiró también el general Maza Márquez, ahora en desgracia, quien en su momento fue considerado un héroe en la lucha contra el narcotráfico.

Irónicamente, un general de la Policía, Óscar Naranjo, que salió con un gran prestigio, que aún conserva, va a terminar, sin haberlo buscado, en la más alta investidura alcanzada por un miembro de la Fuerza Pública, como vicepresidente de la República.

Y como reflexión final, habría que señalar que el estamento militar de hoy, sin excepción, no solamente no se ha atravesado en el proceso de paz, sino que es uno de sus facilitadores.

Alfonso Gómez Méndez

Columnistas

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