¿Desencanto ciudadano?

¿Desencanto ciudadano?

Lo que más me sorprendió fue la abstención, que mina de raíz el sistema democrático. ¿Será cierto, como se dice, que muchos no se acercaron a las urnas porque no fueron 'aceitados'?

04 de octubre 2016 , 06:29 p.m.

A tres días del sorpresivo triunfo del No sobre el Sí en el plebiscito que buscaba ‘blindar’ con el apoyo popular los acuerdos de La Habana para así poner en marcha varias medidas encaminadas a desarmar a las Farc, se han conocido toda clase de interpretaciones:

Que lo que había era una especie de No silencioso por debajo del radar de las encuestas. Que estas, como en otras ocasiones, no se hicieron de manera acertada, objetiva, concisa ni con el rigor debido. Que los colombianos, así fuera por estrecho margen, le dieron la espalda a un Presidente que se ha jugado todo su capital político para conseguir una esquiva paz que sus antecesores no lograron concretar.

Que los votantes no leyeron o no entendieron las farragosas 297 páginas de los acuerdos. Que en la gente calaron muchas de las mentiras de los opositores del proceso. Que pesó más el odio hacia las Farc que la búsqueda de la reconciliación, que impediría, precisamente, más víctimas en el futuro.

Que fueron más efectistas los argumentos del No que los del Sí. Que hubo exceso de triunfalismo en los miembros de la Unidad Nacional... Y muchas más, razonables o delirantes, sensatas o falaces, respetables o cursis.

A mí, en cambio, lo que más me sorprendió fue la abstención, que mina de raíz el sistema democrático. Es cierto que en unos casos, como cuando se trata de elegir personas, la participación popular tradicionalmente no es muy alta.

Pero que también lo sea cuando se trata de definir si se empieza a desarrollar un proceso de paz, es muy preocupante. El único antecedente comparable es el del plebiscito de 1957, que puso fin a la violencia liberal-conservadora con su secuela de 300.000 muertos y muchísimos desplazados.

En esa época, y en un país con un alto índice de analfabetismo, la abstención no superó el 15 por ciento. El domingo pasado solo participó el 36 por ciento de los colombianos, que quedaron divididos por mitades, representativa cada una del 18 por ciento del censo electoral. Y de esos doce millones en una votación tan sencilla como decir sí o no, hubo más de 150.000 votos nulos, 3 veces la diferencia que le dio el triunfo al No.

Resulta paradójico que a pesar de todo el empeño de los constituyentes de 1991, para pasar de la democracia representativa a la democracia participativa, en estos años no solo no se ha incrementado la participación, sino que se ha disminuido la representación.

Este plebiscito era propicio para que se expresara la democracia participativa a través del llamado ‘constituyente primario’, un tema que debemos profundizar, preguntando por ejemplo: ¿Qué lleva hoy a un colombiano a votar? Ya no la bandera de un partido, porque estos prácticamente desaparecieron.

¿Será cierto, como se dice, que muchos no se acercaron a las urnas porque no fueron ‘aceitados’? Si fue así, ¿sobre qué base podemos seguir hablando de democracia? ¿Es necesario transportar o alimentar al elector para que participe en una votación donde se decide el futuro del país?

Recuérdese que uno de los puntos de los acuerdos de La Habana era profundizar la democracia participativa, pasando, entre otros, por el cambio del sistema electoral, algo de lo que tenemos urgencia, con o sin acuerdo.

Nuestra democracia no puede seguir sosteniéndose sobre bases tan endebles. ¿Será la educación? Falta de cultura política? ¿Será que no hemos creado las condiciones socioeconómicas para formar un elector sin angustias económicas, libre y comprometido con la sociedad en que vive? ¿O será cierto, como decía Murillo Toro, que hacemos las cosas al revés porque nos ocupamos solamente de lo electoral y no de la estructura social y económica? ¿Hay una falla de fondo en el sistema político?

Es de esperar que con la decisiva participación de todos los colombianos el país supere este momento crítico y encuentre el camino para retomar las conversaciones e impedir que volvamos a la guerra. No será tarea fácil, pero tampoco imposible.

Por ahora, quienes ven la salida en una constituyente, ¿qué dicen de la abstención?


Alfonso Gómez Méndez

Columnistas

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA