El guardador

El guardador

Fernando Pessoa, el poeta lusitano, fue más allá, y de esos guardados en la memoria.

17 de abril 2017 , 01:49 a.m.

La memoria es un guardador de sueños, deseos, lecturas y experiencias. Y el arte prolonga o hace real estos simbolismos, que el alma y el cerebro guardan como una película sin estrenar. Fernando Pessoa, el poeta lusitano, fue más allá, y de esos guardados en la memoria, creó heterónimos, es decir, inventó personajes cada uno con una poética muy personal, distinta de la de su creador, pero que nacen de él. Le incomodaba ser uno solo, y trazó distintas aristas en su universo subjetivo. Simplemente se amplió.

Se convierte en un pequeño Dios que imprime a cada personalidad autonomía, reflejada en pensamientos y emociones propias. José de Lancastre dice: “Los heterónimos son, pues, el resultado de una operación creativa altamente sofisticada, una especie de raíz cuadrada del acto poético; son criaturas de ficción que utilizan la ficción del arte”. Pessoa los llamó “drama en gente” y creó a Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Bernardo Soares y Álvaro de Campos, entre otros. Y reconoció a Caeiro como el más adelantado de la cuadrilla. A cada uno le dio su fe de bautismo, y de Caeiro dice que nació en Lisboa en 1889 y que murió de tuberculosis en 1915. Una vida muy corta y una obra creativa muy sólida. Casi toda su existencia la pasó en el Ribatejo, en la quinta de una tía, lejos del bullicio y concentrado en su soledad. De ese libre cautiverio nació su poemario ‘El guardador de rebaños’, una pieza magistral y fragmentada donde una sabiduría poética, una intuición arrobadora y un escepticismo a toda escala le hacen decir: “Yo nunca guardé rebaños, / pero es como si los guardara”, o “No tengo ambiciones ni deseos. / Ser poeta no es una ambición mía, / es mi manera de estar solo”. Es el lirismo llevado a altas cumbres donde el hombre, ser solitario, conquista para sí a través del lenguaje como expresión del conocimiento su plena libertad. O imágenes que azuzan los sentidos como: “... Escribo versos en un papel que está en mi pensamiento”, o, en una actitud más contemplativa, de goce endógeno: “El mundo no se hizo para pensarnos en él (pensar es estar enfermo de los ojos). / Sino para mirarlo y estar de acuerdo”. Pessoa no fue un guardador de rebaños, pero hizo como si los guardara; Pessoa, que significa ‘máscara’, no fue un solo hombre, fue varios, incluido él: allí, su grandeza y la maravilla de ser otros y no confundirse, sino brillar en cada uno.

ALFONSO CARVAJAL

Columnistas

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